Ficha n° 645

Creada: 03 diciembre 2004
Editada: 03 diciembre 2004
Modificada: 03 diciembre 2004

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

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Christophe BELAUBRE

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AYERDI Y ZARATE, don Francisco Miguel

Catedrático, canónigo del cabildo eclesiástico de León
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Cargo o principal ocupación:
Catedrático, canónigo del cabildo eclesiástico de León
Nació:
el 13 de octubre de 1765 (bautizo) en la ciudad de León
Murió:
el 25 de febrero de 1827 en la ciudad de León
Padres:

1Hijo del Capitán don Pedro Manuel Ayerdi Ramiro Corajo y Zapata, y de doña Manuela Zárate Balbosa, nativos de la ciudad de León, casados el 10 de octubre de 1759 en León (Nicaragua)

Resumen:

1Entre las figuras claves del alto clero nicaragüense del final de la época colonial, figura sin duda alguna Francisco Ayerdi y Zárate. Nació en una de las familias criollas de la ciudad con un poder local bien instalado: su padre era capitán de las milicias de la ciudad y contador oficial Real de la Caja para la Provincia. Había sido también Gobernador interino, elegido en Costa Rica en 1762. La sección de capellanía del archivo histórico diocesano de León nos revelan que el abuelo de Francisco se casó con una hija de la familia Zapata, grupo muy influyente en la segunda mitad del siglo XVII. Francisco Ayerdi recuperó las capellanías de las cuales gozaba en ese entonces el canónigo de León, don Juan Zapata.
Dentro de la red de apoyo que beneficiaba a este padre, hay que mencionar también a su tío Carlos Rafael de Ayerdi, quien era abogado de las reales Audiencias de Guatemala y de México, y agente fiscal de lo criminal de la última. Era natural de la misma ciudad de León, e hijo de Francisco Ayerdi, natural de la villa de Bilbao, y de Ana Ramiro Zapata. Tenía vínculos de parentesco con la familia Oconor y Valdivieso. Cabe mencionar el papel de sus padrinos de nacimiento: el regidor don Francisco Estevan Sánchez de Herrera y doña Teresa de la Huerta, pariente de uno de los pocos eclesiásticos nativos de Nicaragua que logró ser nombrado obispo.
En septiembre de 1790, fue ordenado presbítero en la Iglesia de las Capuchinas de la ciudad de Guatemala por el arzobispo Cayetano Francos y Monroy. Siguió su carrera en la ciudad de Guatemala: fue becado del Seminario durante ocho años y ejerció el cargo de preceptor de gramática. Obtuvo en la universidad los grados de bachiller en filosofía, en ambos derechos y su doctorado en derecho canónigo en 1799. En aquel entonces otorgó un amplio poder a Nicolás Fernández de Rivera, Agente de los Reales Consejos en la Corte de Madrid, probablemente con el fin de conseguir un nombramiento de canónigo. En 1804 está de regreso y reside en León, donde es examinador synodal y sobre todo se encarga del juzgado de capellanías que se encontraba vacante. Empieza a jugar un papel en la administración de su diócesis, decidiendo redactar un reglamento “*para evitar las desavenencias que según noticia se versan a cada paso entre los curas y jueces reales sobre el manejo de las cofradias*”. Socialmente se encuentra plenamente integrado a la elite local a pesar de haber hecho sus estudios en la ciudad de Guatemala. Como prueba de su influencia, fue elegido en compañía de don Florencio Castillo para pronunciar las oraciones fúnebres en los funerales del Presbítero Don Rafael Agustín Ayesta. De hecho fue naturalmente nombrado primer rector de la Universidad de León, creada en el Seminario de San Ramón, y catedrático de derecho canónigo. Lo encontramos ejerciendo el cargo de juez de diezmos (1814). En aquel entonces le concedieron una licencia para tener un oratorio público en su hacienda del Trapiche; sin embargo el documento no menciona la ubicación de estas tierras que seguramente recuperó de su familia. Su carrera política empezó cuando fue elegido el 7 de agosto de 1814 como diputado propietario a la Diputación Provincial de Nicaragua y Costa Rica. A pesar de sus múltiples responsabilidades en la diócesis, tuvo que esperar hasta 1820 antes de ingresar en el prestigio cabildo eclesiástico de la ciudad. Cuando se volvió a convocar la Diputación Provincial fue nuevamento elegido en marzo de 1821. En este período entabló una relación de confianza con el Lic. Manuel Beltranena, asesor y Intendente que fue de la provincia de Nicaragua. Este último, de vuelta en Guatemala, le confirió un poder para que pudiera vender una casa de su propiedad en la ciudad de León. Puede ser que se hayan conocido en el período de formación intelectual de Francisco Ayerdi. Cuando el Obispo García Jerez fue expulsado de Nicaragua en 1825, Ayerdi se hizo cargo del Obispado en su carácter de Vicario general. Murió el 25 de febrero de 1827. Se le dio sepultura eclesiástica con toda solemnidad como se aconstumbra con todos los canónigos, y recibió los santos sacramentos menos el del sagrado viático por impedimento físico.

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