Ficha n° 2026

Creada: 18 septiembre 2008
Editada: 18 septiembre 2008
Modificada: 26 octubre 2008

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Autor de la ficha:

Rosa Elena MALAVASSI AGUILAR

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Informe de la visita del Obispo Morel de Santa Cruz a la Diócesis de Nicaragua y Costa Rica en el año 1751

Visita apostólica, topográfica, histórica y estadística de todos los pueblos de Nicaragua y Costa Rica, hecha por el Ilustrísimo Señor don Pedro Agustín Morel de Santa Cruz, Obispo de la Diócesis en 1751 y elevada al conocimiento de S.M. Católica Fernando VI el 8 de setiembre de 1752
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Autor:
Pedro Agustín Morel de Santa Cruz
Texto íntegral:

1PROVINCIA DE NICARAGUA

2Desde la sabanilla situada en medio de una montaña de ocho leguas, muy áspera y enfadosa, así por sus cuestas como por un río que repetidas veces se pasa y otras sirve de camino, comienza la Provincia de Nicaragua, que es la tercera y última de que se compone el Obispado, consta de ciento veinte leguas de longitud, contadas de uno a otro mar, y setenta de Oriente a Poniente, en ella se hallan las ciudades, villas y lugares restantes de que haré mención.
En el año de siete del siglo pasado el Doctor don Pedro de Villa Real, Obispo de esta Diócesis, concedió su licencia para la erección de una iglesia con título de Santa Cruz en el valle de Nicaragua. Fundóse para esta providencia en que muchos vecinos de la ciudad de Granada, distante doce leguas del mencionado valle, tenían en sus haciendas de cacao, pastos de ganado vacuno y que por las muchas grietas de los caminos en verano, ciénega, atolladeros y crecientes de ríos en invierno, no les era posible transitar a la mencionada ciudad, esta licencia fue presentada ante el Doctor don Alonso de Castilla, Presidente de Guatemala, para que como vicepatrón real concurriese con la suya y que al mismo tiempo mandase a los oficiales reales de la Provincia acudiesen con cincuenta mil maravedices al sacerdote que administrase en la nueva iglesia. El Presidente defirió a la instancia por lo respectivo a la construcción de ésta, dejando omiso el punto de la renta pretendida. Ni renta en fin, ni sacerdote, ni iglesia pudo conseguirse.
Pasados cincuenta años insistieron los hacendados en su antiguo proyecto, tomaron recurso al Gobierno superior que residía en la audiencia ésta, instruida por media de varios informes, resolvió a los cinco de octubre de seiscientos cincuenta y siete que los curas de Granada nombrasen persona idónea para la administración del Valle de Nicaragua precediendo examen y aprobación del ordinario en la parte mas cómoda y decente que se arbitrase. Proyectóse así en la ermita de San Sebastián que los mulatos habían fabricado en el mencionado valle; desde entonces con inmediación a ella se formaron unas pocas casillas. En este intermedio se dio principio a la construcción de la iglesia, que debía servir para ayuda de parroquia, pero no se consumó por la discordia que sobrevino. Unos decían que se pasase a los ejidos del pueblo de indios confinantes; y otros permanecían constantes en que se pusiese la última mano a la obra iniciada. En efecto esta quedó suspensa y solamente se trató de la reedificación de la ermita, que se hallaba apuntalada y en términos de caerse.
Por el año de setecientos diecisiete la nueva iglesia de Nicaragua se hallaba acabada y la población tan aumentada que se trató de que fuesen distinguidos con títulos honrosos. Los vecinos pues se presentaron en Guatemala ante el Presidente Maestro de campo, don Francisco Rodríguez de Rivas, pretendiendo que la población se erigiese en Villa con su cabildo y jurisdicción, la iglesia en parroquia con su cura, efectivamente este Ministro a los veintisiete de julio del referido año comunicó el titulo de Villa a la Provincia de Nicaragua. La honró con el aditamento de la Purísima Concepción de Rivas. Estableció en ella dos Alcaldes ordinarios y de la hermandad, Alférez real, Alguacil Mayor depositario general, dos Regidores, Procurador y Mayordomo y la asignó jurisdicción, es a saber, dieciocho leguas de Oriente a Poniente; y de Norte a Sur, cinco, seis y más. Las unas contadas desde la laguna de Granada hasta la Sabanilla arriba expresada, y las otras, desde el río Ochomogo hasta el mismo mar del Sur, entre el cual y la mencionada laguna se forma el istmo, o estrecho de tierra, de que resulta la longitud últimamente.
La isla de Ometepe situada en la laguna queda subordinada a la nueva Villa, por la tocante a la iglesia y cura hizo librar suplicatorio a la Sede vacante de la Catedral de la ciudad de León para que diese las procedencias correspondientes. La oposición sin embargo hecha por los curas de Granada fue causa de que se suspendiesen hasta la resolución del Presidente a quien se dio cuenta de esta novedad, ella por fin cortó el curso a la dependencia, y la administración de la feligresía quedó sobre el pie que estaba.
El nuevo cabildo en carta de catorce de agosto de año de veintidós ocurrió a la corte con testimonios de los autos obrados por el Presidente, a fin de obtener la aprobación de lo ejecutado por él y confirmación de sus oficios. El mismo Presidente en otra carta de treinta de enero del año de veintitrés, expuso al consejo las razones en que se había fundado esta providencia. En vista de todo a los dieciséis de septiembre de veintisiete, se despachó cédula para que se siguiese juicio formal entre los dos cabildos y curas y que concluido el proceso se remitiese al expresado consejo, manteniendo a los vecinos de Nicaragua sin la posesión de Villa que el Presidente les había concedido. El nuevo cabildo estribando en esta real determinación se presentó con ella ante el Ministro Fr. Dionisio de Villavicencio, Obispo de esta Diócesis; insistiendo en su antigua pretensión de que la iglesia se erigiese en parroquia y la tenencia en curato, el Obispo puesto de acuerdo con el jefe de escuadra, don Antonio Pedro de Echeves y su Vicepresidente de Guatemala, defirió a la súplica a los treinta de junio del año de treinta y dos. Corridas pues, las diligencias acostumbradas se proveyó el curato en el Presbítero don Francisco del Valle y Valdez, impusoséle el gravamen de que había de contribuir cincuenta pesos a cada uno de los curas de la Parroquial de Granada, y a los veintiséis de diciembre del referido año tomó posesión. A este golpe siguió otro, y fue que el mismo Obispo con intervención del Mariscal de Campo, don Pedro de Rivera Villalón, Presidente de Guatemala, crió otro curato en Nicaragua, confiriósele a don Juan Ruiz de Ocaña y tomó posesión de él a los doce de julio de treinta y cuatro con la circunstancia de que desde entonces la contribución quedó derogada.
En medio de estas novedades los curas de Granada se mantenían en silencio, rompiéronlo con la muerte del Obispo, que acaeció a los veinticinco de diciembre del año de treinta y cinco, presentáronse ante la Sede vacante a los veinticinco de mayo del próximo siguiente con una reclamación secreta, que habían hecho contra la providencia de este prelado. Pretendieron que los dos nuevos curas les satisfaciesen los cincuenta pesos anualmente establecidos y que en los demás quedase ileso el derecho que les asistía, para deducirlo ante quien les conviniese. La instancia se siguió ante los interesados y el día ocho de febrero de treinta y siete se mandó que los dos curas de Nicaragua se mantuviesen en la última determinación del Obispo, los de Granada interpusieron apelación al Metropolitano de México y por más inmediato recurso a la audiencia de Guatemala. La primera fue concedida; la segunda derogada, y los apelantes por último condenados en las costas sin que desde entonces se haya causado otra novedad en el asunto
Mientras estas cosas se trataban, la nueva villa fue adquiriendo nombre, vecinos y fondos; continuó su progreso de manera, que al presente poca o ninguna ventaja le hacen las ciudades y lugares más calificados de la Provincia. Hállase situada en un terreno elevado pero desigual Este defecto cuando es necesario se evita por medio de la cava. La elevación le proporciona unos aires puros y refrigerantes y un cielo despejado y hermoso. A media legua de distancia tiene la laguna de Granada; los moradores desprecian su agua por gruesa y gustan más de la de los pozos, que es delgada y perenne; el clima es saludable y templado, especialmente de noche y de mañana. Hay en ella la iglesia parroquial, ermita de San Sebastián, casa de cabildo y de particulares y últimamente estado eclesiástico, político y militar.
La parroquia es de teja y tres naves; la principal sobre basas y pilares de cedro, y las colaterales de adobes, con su capilla mayor, sacristía y portada de cal y canto, su capacidad sin embargo no corresponde a lo crecido del vecindario; tiene siete altares con el mayor, donde se halla un sagrario dorado de madera que le adorna, los demás son pobres como lo es también la iglesia. El ingreso de esta se compone únicamente de un real de bautismos y un peso de entierros, el noveno y medio de diezmos que debía percibir, se lo llevó la de Granada. La torre que tiene es provisional sobre cuatro horcones y su techo de teja; es regida por dos curas; no gozan los novenos de diezmos asignados por la ley; los de Granada los cobran y los de Nicaragua únicamente las obvenciones y primicias, cuyo total importará mil seiscientos pesos partibles entre los dos. Hay también colector nuevamente creado y proveído por mi, ínterin que la propiedad se confiere con intervención del vicepatrón real. La ermita de San Sebastián que se está reedificando de artesón con buena portada de cal y canto, es también de tres naves, adobes y teja aunque mas pequeña que la parroquia. Las casas de ayuntamiento son de la misma materia, capaces y con sus portales, que hermosean el aspecto de la plaza mayor en que se hallan situadas; hay otras cien de teja, y se trata de la fábrica de otras muchas. Las de paja en fin, se reducen a cincuenta, todas ellas forman cuatro calles cuadradas poco perfectas y derechas.
El estado eclesiástico se compone de un vicario foráneo con jurisdicción en la villa y sus anexos, que son el pueblo de indios confinante y la isla de Ometepe. Los dos curas, colector, cinco sacerdotes y dos ordenantes. En lo político subsisten los oficios que se establecieron al principio; y en lo militar hay comandante, sargento mayor, y nueve compañías; las siete de a pie y las dos de montados con su Comisario general, cada una de ellas se compone de cien hombres fuera de sus Capitanes y demás respectivos oficiales. Tanto número de soldados, oficiales y Compañías no corresponde al corto vecindario de la Villa; resulta pues, no solo de ella, si no también de otras doce poblaciones conocidas con título de barrios, es a saber, Río de Enmedio o Aposonga, San Esteban, Popoyapa, Potosí, Apompuá, Obraje, Buena Vista, San Antonio. Nagualapa, Chiata, los Cerros y San Juan de Tola, el primero cae al Sur, los 9 siguientes al Norte y los dos últimos al Occidente, el más inmediato queda a un cuarto de legua, a tres leguas el más distante y la Villa en el centro, con esto forman finalmente una hermosa y continuada población de caseríos y haciendas de cacao, que se extiende cuatro leguas contadas desde el Obraje hasta Aposonga.
El Río de Enmedio termina en él y consta de siete casas de teja y doscientas de paja. San Antonio, Nagualapa y Chiata están incorporados y tienen 18 casas de teja y cuarenta y cinco de paja. San Esteban y Popoyapa las siguen con veintiséis casas de teja y ciento cuarenta y nueve de paja, Potosí y Apompuá se componen de veintiocho casas de teja y cuarenta de paja; los Cerros, catorce de teja y ciento diez de paja; el Obraje y Buena Vista, tienen dieciocho de teja y cuarenta y cinco de paja; y últimamente, San Juan de Tola es el mas distinguido por su situación; hállase en una espacioso llanura regada por el río que forma la barra de Brito; numéranse en él veintiocho familias y otras tantas casas de paja. En estos barrios no se han fabricado iglesias para la administración de los Sacramentos a sus moradores; hay sin embargo diez capillas o hermitas compartidas por ellos en las casas de los hacendados; estos las han levantado a sus expensas con el fin de tener misas para si y sus familias en los días festivos. Los comarcanos también concurren a oírla y por este medio se facilita el cumplimiento de este precepto, que en tiempo de aguas sería muy difícil satisfacerlo en la Villa.
En el resto de la jurisdicción de esta hay así mismo diferentes personas empleadas, en las haciendas situadas dentro de sus términos, computadas en suma las familias, que se encierran en la Villa, barrios y jurisdicción llegan al número de ochocientas ochenta y las personas mil quinientas treinta y cuatro de confesión y sobre el crecido de forasteros, que atraídos por el comercio la frecuentan. La fertilidad del terreno es tan general que produce añil, vainilla y cuantas semillas de la Europa y de la América se siembran en él. Su más lucrativa negociación consiste en los trapiches, hatos de ganado mayor, haciendas de cacao, dos caleras y unas salinas.
Los trapiches son pocos, redúcense a cinco, los hatos a veintiuno, y las haciendas de cacao a trescientas diez; en ellas se hallan planteadas seiscientas setenta y siete mil setecientas treinta casas de cacao nuevas y fructíferas que a razón de dos árboles cada una componen un millón trescientos cincuenta y cinco mil cuatrocientos cincuenta árboles de cacao. Estos en fin producen el diezmo anual de seis mil medios, que vienen a ser una medida, cuyo valor regular es de seis reales de plata, que hacen la cantidad de treinta y seis mil; y es el más crecido y acreditado que se logra en la Diócesis. Esta es en suma la población de la Villa de Nicaragua. Comenzó a levantarse sobre fundamentos débiles y excitados y de una contradicción tan dilatada como vigorosa. A pesar sin embargo de ella ha conseguido su exaltación, hacerse célebre por lo florido de su comercio, que primariamente consiste en el cacao, y llegar por último a un estado tan ventajoso que su mismo auge, tácita e insensiblemente ha decidido a su favor el punto, que en orden a su estabilidad se suscitó y que aun pende en los tribunales.
Veintidós días me mantuve en esta Villa en mis ejercicios ordinarios de confesiones, comuniones, confirmaciones y sermones, las confesiones y comuniones fueron muchos a causa de que gran número de personas faltaba todavía para cumplir con estos preceptos; las que se confirmaron mil seiscientas setenta y seis, los sermones dieciocho continuados y al último precedió una procesión de penitencia muy edificativa y numerosa; no se oía sino rezar el Santísimo Rosario, y en cada decenario pedir por tres veces misericordia; todos iban cargados de cruces o azotándose; y por fin fue tanto el concurso que siendo la estación de más de ocho cuadras largas, los que iban al principio de la procesión llegaron a entrar en la iglesia antes de salir de ella los que terminaban; pasarían sin duda de tres mil personas de ambos sexos las que asistieron a tan memorable función.
Fuera de ésta y las demás ordinarias que he referido hubo también la extraordinaria de órdenes y la indispensable de visita, las materias tocante a ellas corrían con el mismo desconcierto que en Cartago. Reglé las que pendiente mi demora pudieron evacuarse, otras que necesitaban de mas tiempo para formalizarlas, las remití al Vicario, previniéndole que sustanciada me las devolviese para su determinación; todas fueron inventariadas y puestas en un archiva a cargo del Notario. Informáronme que un pueblo de indios y ladinos y los situados en la isla de Ometepe, no tenían Juez eclesiástico, y que en estos últimos se necesitaría de pronto recurso para vindicar a los naturales de las vejaciones que de algunos años a esta parte experimentaban. Determiné, pues, que la jurisdicción del expresado Vicario se extendiese a los mencionados territorios, bajo cierta instrucción que para su mejor gobierno le formé. Después, en fin, de haber dado providencia sobre cuanto ocurrió perteneciente a mi ministerio salí de aquella villa con el gusto de dejar a sus vecinos muy dedicados a lo bueno y con especialidad a la devoción del Santísimo Rosario.
Mi marcha se dirigió al pueblo que acabo de expresar, fue capital del antiguo Cacique Nicaragua de quien se nominó el mismo pueblo, la Provincia dista media legua de la Villa al Oriente, su situación pudiera ser la más divertida, porque el terreno es llano y a tres cuadras termina en la laguna; pero el monte le priva de hermosa vista de ella y hace melancólico el lugar, su iglesia y sacristía son de adobes y de teja con tres altares moderadamente adornados. La Purísima Concepción es su titular, adminístrala un doctrinero Franciscano con su compañero, y otro les preside con título de Vicario; habitan en unas celdas contiguas a la iglesia de la misma materia, que está con bastante capacidad y oficinas, todo bajo la clausura a modo de convento, que el nombre mismo que se le da. La renta del doctrinero es el sínodo ordinario e impuesto de cofradías, derechos de bautismos, matrimonios de indios y ladinos y de los entierros de estos últimos, los primeros le contribuyen también servicio y ración; hay un Alcalde, Alguacil Mayor y dos Regidores de los mismos naturales para el gobierno de ellos; el de los ladinos corre a cargo de un Juez a prevención que se nombra por los Alcaldes ordinarios de la Villa. Veintitrés casas de teja con la del Cabildo y noventa y siete de paja que forman una plaza proporcionada y tres calles cuadradas; entre ellas y la Villa median los barrios Apataco y España; compónense de ciento catorce casas, las seis de teja y las restantes de paja; las familias en fin que habitan en ella y en el pueblo reducen a trescientas nueve; las doscientas nueve de españoles y ladinos con mil ciento una persona y las cien de indios con cuatrocientos sesenta; estos pagan de tributo anual cincuenta y tres pesos veinte reales; tiene sus haciendillas de cacao y se ejercitan en el tinte del hilo de caracol y en labrar maderas de finísimos cedros, que sus ejidos producen; cinco días permanecí en este pueblo, ocupado en las mismas tareas que los pasados. Confirmé novecientas treinta y tres personas, prediqué cinco sermones y el último de ellos con la procesión de penitencia en que irían más de mil trescientas personas de cruz y de azote, rezando el Rosario y pidiendo misericordia. Nombré también Mayordomo interino de fábrica, en lugar de un Síndico que había; y concluida por último mi visita pasé a la playa de la laguna para hacer mi navegación en la isla de Ometepe.
Grandes fueron los errores que algunas personas me figuraron para apartarme de este viaje, ya por lo bravo y peligrosa la travesía, que consta de tres leguas, ya también por lo débil de las canoas en que había de ejecutarse; por otra parte los indios que debían conducirme se empeñaban a mi transporte, aseguraban falso cuanto los otros proponían, y que el intento de estos era que no fuese a infortunarme de sus trabajos y del yugo tan pesado que los oprimía; resolví por fin mi embarque y en dos horas de bonanza consumé mi navegación a la isla de Ometepe. Esta palabra en lengua mejicano, que es la que aquellos naturales hablan, quiere decir dos volcanes; otros tantos tiene la isla, uno al Oriente y otro al Occidente; hacia estos mismos rumbos corre su longitud que es de nueve leguas, y su latitud consta de cuatro; se extiende de Norte a Sur.
Mi arribo fue a un surgidero que sirve de puerto a un pueblo llamado Moyogalpa. Tiene su situación en un terreno llano y elevado, gózase en él de aires muy suaves y de la vista hermosa de la laguna que está a un tiro de fusil. Su iglesia es de adobes y de teja, baja y reducida. La población consiste en doce bohíos habitados de otras tantas familias de ladinos; los indios, a quienes antiguamente pertenecían se extinguieron, pendiente mi demora, que fue de seis horas, prediqué, y confirmé hasta cincuenta personas; el resto del vecindario constaría de otras diez más extremadamente pobres. Me reembarqué por fin para transitar al otro pueblo que es el principal; algunos deseosos de mi mayor seguridad conspiraban en que la marcha que se reducía a cuatro leguas, fuese por tierra; la emprendí no obstante por la laguna y a las cuatro horas llegué con felicidad a mi destino, salté en tierra y caminando un cuarto de legua, entre en el mencionado pueblo, que se compone de dos parcialidades, es a saber; Hastagalpa y Cosonigalpa, una calle que atraviesa por la plaza los divide, siendo tanta la inmediación que tienen que se nota la particularidad de que la una es cálida y la otra frígida; en ésta los árboles crían un género de barba que llaman pasta y es propio de la tierra fría y en aquella no se da, ambas constan de ciento sesenta y una familia y ochenta y cinco personas entre indios y ladinos, de confesión y comunión. La iglesia, cuyo título es la Purísima Concepción, se halla tan maltratada que fue necesario dar providencia de que la teja se bajase y se tratara su reedificación; en el interior di licencia para que se administrase en una ermita. también de teja, dedicada a San Antonio, el doctrinero y sus compañeros son Franciscanos, tienen su habitación a media cuadra de la Iglesia; es alta, capaz, con su corredor y oficinas de teja. El resto de las casas es de paja, llegarán a sesenta, forman cuatro calles imperfectas y las más, metidas entre el monte; esto afea el terreno que es llano y le priva de los aires y vista de la laguna. Hay un cacique, dos Alcaldes y cuatro Regidores de los mismos naturales, que atienden a su gobierno. El de los ladinos corre al cuidado de un Juez a prevención nombrado por los Alcaldes ordinarios de la Villa y aprobado por el Gobernador de la Provincia. En primera instancia conoce de todas las causas suscitadas entre ellos, comanda también la escuadra que tienen y la compañía de indios flecheros y una y otra con sus oficiales correspondientes. La renta del doctrinero se compone del sínodo ordinario, ingreso de cofradías, fiestas, bautismos, matrimonios y entierros, estos tres últimos ramos pagan los ladinos y los dos primeros los indios, quienes también le contribuyen la ración y servicio personal, y a S. M. el tributo de ciento ochenta y nueve pesos siete reales cada año.
Los dos pueblos antecedentes están a la falda del volcán Occidental que es el mayor y más elevado; en el Oriental que llaman de la Madera, se halla otro pueblo nuevamente fundado el año de cuarenta y ocho por los Caribes Solentinames, en que hay diez casillas y treinta y nueve personas de todas edades y ambos sexos.
En el resto de la isla se numeran quince hatos de ganado mayor y veintitrés haciendas de cacao, labranza de maíz, verduras y árboles frutales en abundancia, por la fertilidad del terreno, cógese también en él una especie de junco, con que sus habitantes fabrican baúles, papeleras, salvillas y otras chucherías muy aseadas y dignas de estimación, véndenlas en la ciudad de Granada y pueblos comarcanos para alivio de sus necesidades, todos son muy distinguidos en la navegación, más robustos y capaces que los de la tierra firme. Gozan por fin en su isla el privilegio de no tener animales, ni sabandijas ponzoñosas que les incomoden. Cinco días me mantuve en el pueblo principal aplicado al cumplimiento de mi ministerio y ejercicios; fue crecido el número de los que se confesaron, el de los confirmados llegó a quinientos ochenta y seis, y el de los sermones a cinco, con la procesión de penitencia acostumbrada, que se compuso de más de quinientas personas; todas iban con la misma devoción y mortificaciones practicadas en los demás pueblos.
Terminada en conclusión mi visita y dejándolos muy afectos a la devoción de la Reina del Cielo y a Santísimo Rosario, me despedí de ellos y les di mi bendición, acompañarónme hasta la playa tan llorosos y penetrados del dolor de mi ausencia, que no contentos con besarme la mano en tierra se arrojaron a la laguna a lograr segunda vez el gusto que manifestaban con semejante función. Las mujeres por último puestas en algunas canoas que encontraron en la playa se dirigieron a la galera en que me hallaba, su fin era entrar a ella a cumplimentarme de nuevo; fueron rechazadas por el capitán, y las miserables se contentaron con dar vuelta a la misma galera, anunciándome el buen viaje con suspiros y lamentos.

3Granada

4La navegación que había de hacerse era de catorce leguas, gastándose en ella once horas a causa de que el viento estuvo flojo y a la tarde sobrevino por la proa una tempestad que atrasó el viaje. A las siete de la noche, por fin, salté a tierra en la ciudad de Granada. Hállase situada a una cuadra de la Laguna en un llano arenoso, su clima es seco y bastante cálido, el viento Norte que viene por sobre las aguas de la Laguna, sopla con pocas horas de interrupción, y comunica algún refrigerio; en suspendiéndose se hace sensible el calor, especialmente si llueve; entonces con los vapores tan gruesos que arroja la arena, se aumenta. Es sin embargo saludable y el cielo muy lúcido y