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AFEHC : articulos : De pasados señoriales idílicos y sueños modernizantes, las propuestas futuristas de Máximo Soto Hall y Carlos Gagini. : De pasados señoriales idílicos y sueños modernizantes, las propuestas futuristas de Máximo Soto Hall y Carlos Gagini.

Ficha n° 3089

Creada: 28 julio 2012
Editada: 28 julio 2012
Modificada: 28 julio 2012

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Autor de la ficha:

Verónica RÍOS QUESADA

Editor de la ficha:

Iván MOLINA JIMENEZ

Publicado en:

ISSN 1954-3891

De pasados señoriales idílicos y sueños modernizantes, las propuestas futuristas de Máximo Soto Hall y Carlos Gagini.

En este artículo, exploro cómo se representa el futuro de Centroamérica en los espacios reales-e-imaginarios de las novelas "El problema" de Máximo Soto Hall (1899) y "La caída del águila" (1920) de Carlos Gagini, ambas publicadas en Costa Rica. En el caso de "El problema", la acción transcurre principalmente en dos ciudades ficticias: New Charleston y San Rafael, cerca de la frontera de Costa Rica con Nicaragua. "La caída del águila", por su parte, gira en torno a la isla del Coco y marginalmente, a Puntarenas y San José. Ambas novelas apelan a la incursión de William Walker en Centroamérica. "El problema" escenifica, en ese espacio el cumplimiento de la promesa de modernización a la que aspiraban los conservadores nicaragüenses, al llamar a Walker en 1855; mientras que "La caída del águila" se construye como una relectura de la Campaña Nacional Centroamericana de 1856, sin dejar de marcar la supuesta superioridad costarricense en la región. La primera implica el futuro de la asimilación a través de una anexión pacífica, mientras que la segunda traza el camino de la revolución frente a la anexión forzada. Sin embargo, ambos textos coinciden en recrear, en esos espacios futuristas, un pasado señorial en combinación con las ansias modernizadoras. A pesar de su ligamen con la construcción de proyectos nacionales y sus tramas osadas, ninguna de las dos novelas fue discutida en su momento pensando en el proyecto costarricense. Posiblemente el que ambos textos tuvieran cierto alcance regional explica su limitada recepción. Costa Rica ansiaba distanciarse de la Patria Grande y eso redunda en que la elite se preocupara por construir una literatura rigurosamente nacional y enfocada en lo doméstico como estrategia de diferenciación, más allá de las preocupaciones de orden espiritual-racial como las esgrimidas en "El Problema" o "La caída del águila".
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Palabras claves :
Modernidad, Campaña Nacional Centroamericana, Generación del Olimpo, Novela de anticipación política
Autor(es):
Verónica Ríos Quesada
Fecha:
Junio de 2012
Texto íntegral:

1
Las novelas El problema (1899) del guatemalteco Máximo Soto Hall y La caída del águila (1920) escrita por el costarricense Carlos Gagini suponen cierta originalidad en el contexto latinoamericano, por ser ambas novelas de anticipación política. A principios del siglo XX, los ideólogos nacionalistas inspirados en Rodó más bien buscaban modelar símbolos e ideas que pudieran expresar la gloria de sus países, a través de la historia y la geografía1. Sin embargo, ese género resultó muy conveniente para canalizar y presentar una problemática contemporánea desde el futuro: el efervescente intervencionismo de los Estados Unidos en la región centroamericana del primer cuarto del siglo XX.

2Por su desenlace, la novela de Soto Hall, publicada en 1899, parece clausurar la posibilidad del desarrollo nacional de los países centroamericanos. Al final de la novela, cuya acción transcurre en 1927, en un espacio real-e-imaginario usando el concepto de Edward Soja2, el último representante de la “raza latina” Julio Escalante se suicida lanzándose contra un tren en movimiento. Éste transportaba a la pareja de recién casados y símbolo de la anexión de Centroamérica a los Estados Unidos, compuesta por el antagonista del “norte” Mr. Crissey y a quien fuera objeto de deseo de Julio, su prima Emma. Veinte años más tarde, Gagini publica La caída del águila (1920). En ésta última, la trama transcurre en 1928 y las dicotomías se invierten radicalmente: el héroe costarricense Roberto Mora no sólo destruye el imperio norteño desde un espacio diseñado por él, sino que conquista a Fanny Adams, la hija del Ministro de Marina de los Estados Unidos.

3En este artículo, exploro cómo se representa el futuro de Costa Rica y Centroamérica en los espacios reales-e-imaginarios de ambas novelas. En el caso de El Problema, la acción transcurre principalmente en dos ciudades ficticias: New Charleston y San Rafael, cerca de la frontera de Costa Rica con Nicaragua. La caída del águila, por su parte, gira en torno a la isla del Coco y marginalmente, a Puntarenas y San José. Ambas novelas apelan a la incursión de William Walker en Centroamérica3. El problema escenifica, en ese espacio el cumplimiento de la promesa de modernización a la que aspiraban los conservadores nicaragüenses, al llamar a Walker en 1855; mientras que La caída del águila se construye como una relectura de la Campaña Nacional Centroamericana de 1856, sin dejar de marcar la superioridad costarricense en la región. La primera implica el futuro de la asimilación a través de una anexión pacífica, mientras que la segunda traza el camino de la revolución frente a la anexión forzada. Sin embargo, ambos textos coinciden en recrear, en esos espacios futuristas, un pasado señorial en combinación con las ansias modernizadoras, haciendo así eco del continúo revisitar del pasado que caracteriza a la ciencia ficción4.

El Problema de Soto Hall y las paradojas de una modernidad colonial

4Antes de pasar al análisis de la novela de Soto Hall, me gustaría resaltar algunos de sus datos biográficos. Al llegar a Costa Rica en 1896 desde Guatemala, a pesar de ser bastante más joven, se asocia con los escritores que la historiografía literaria costarricense agrupa bajo el nombre de Generación del Olimpo. Entre ellos, se contaba a Carlos Gagini, el autor de La caída del águila. Estando en Costa Rica, conoció a Manuel Estrada Cabrera, quien se convirtió en su benefactor durante su larga dictadura en Guatemala5. La novela El problema fue publicada un año después de empezar la dictadura, es decir en 1899. Asimismo, Soto Hall fue uno de esos “centroamericanos errantes” finiseculares, como los llama Margarita Rojas, que se movieron constantemente por toda Centroamérica6.

5Ese carácter regional, se transmite en la novela, pues se construye en un espacio ficticio y futurista que desde un inicio aspira a representar a Centroamérica. New Charleston, la ciudad a la que arriba el protagonista Julio Escalante proveniente de París en el íncipit del texto, es una ciudad-estación que no reconoce. Donde hubo selvas se erige la ciudad, emplazada geoestratégicamente cerca del ficticio canal interoceánico construido sobre el río San Juan, límite entre Costa Rica y Nicaragua, del lado costarricense. El carácter regional parece acentuarse al diluirse los referentes histórico-geográficos costarricenses. Entre otros, se hace alusión a una bandera nacional descolorida, pero al no señalar cuáles son los colores, podría ser cualquier país centroamericano7. A diferencia de Centroamérica como palabra, son contadas las ocasiones en que se nombra a Costa Rica y menos todavía las veces en que se mencionan individualmente los países centroamericanos. El que se borren esos referentes, más allá de desradicalizar el planteamiento de la novela como afirma Iván Molina8, contribuye a desplazar la novela a un espacio prototípico que se reafirma en el desenlace, pues el narrador indica que la anexión de Centroamérica como un todo es el motivo político del suicidio de Julio9. Sin embargo, el que la acción se desarrolle en Costa Rica no es casual, como argumento más adelante en esta sección.

6La transformación espacial que supone la ciudad de New Charleston es dramática y da paso a la clásica oposición civilización-barbarie, a través de la descripción de una naturaleza cuyas imágenes coinciden con las descritas por Nancy Stepan en su libro sobre representaciones de lo tropical10. El narrador nos indica que hace 25 años sólo se movían embarcaciones pequeñas por el río y la selva lo rodeaba todo: ahora la “civilización” borró “la virgen naturaleza11“. Se exotiza el paisaje, tanto New Charleston como San Rafael, ciudad donde vive la familia de Julio y que refleja los ideales modernistas, así como la necesidad de crear una identidad única como ciudad tropical y visibilizarse en el mapa mundial. Básicamente se conjuga el entorno selvático con el mundo fabril, en este caso, representado por la fábrica de chocolate de la familia Escalante. Señala Rodríguez sobre New Charleston con agudeza:

7La ciudad canalera representa la modernización de Centroamérica y la reconfiguración de la nación costumbrista en una entidad despojada de las materias primas características y de imágenes folklóricas, ligada a nuevos signos de desarrollo y progreso como lo demuestra la construcción del canal ‘entre Dios y los hombres’, en la línea divisoria entre naturaleza y tecnología12.

8Asimismo, desde la perspectiva del narrador, sin la intervención de la modernidad, ese espacio, por su condición “selvática”, al igual que la “raza latina”, despierta sensibilidades y emociones sin cauce. El paseo que Julio y Emma, su prima “agringada” dan por la “selva” aledaña a la propiedad familiar, es una metáfora del deseo. Julio le está enseñando los secretos de su infancia: su cascada, su bosque, etc. El cuerpo de Julio se extiende nostálgicamente hacia el paisaje y se fusiona con éste. Es un recorrido que, mientras vivía en París, solía hacer con la imaginación acompañado de Margarita, su prometida expatriada13. En contraste, el antagonista Mr. Crissey domina la naturaleza, le impone reglas y plazos, la somete. Al preguntarle cómo construiría la línea férrea encomendada, contesta:

9Es cosa fácil. Si un río se llevase un puente, antes que las aguas arrastren el último madero, ya estará tendiéndose otro puente; si faltan obreros se doblará el número; si los millones presupuestados no son suficientes, se invertirán otros millones más. Cuestión de cuidado es todo14.

10Por otra parte, dada la imposibilidad de Julio de recordar, se borronea la historicidad del espacio. Julio, un “criollo exótico”, ha pasado los últimos 25 años en Francia y salió del país con tan sólo 5 años. Su padre Teodoro y su tío Tomás dan pistas vagas sobre la transformación. Señalan que, con motivo de los acontecimientos de 1898, hubo gran actividad en la esfera pública; sin embargo, de la retórica no pasaron los patriotas15. La colonización no se hizo por la fuerza, sino por la penetración de hábitos de consumo y la reproducción de costumbres foráneas. Los “patriotas” no se dieron cuenta de que ya habían sido asimilados16. De esta manera la novela plantea una situación histórica, pues desde 1850 esa penetración cultural europeizante modelaba a la sociedad de forma desigual17.

11Tras las explicaciones de los oligarcas, como argumenta Rodríguez, se evidencia una victimización de la clase gobernante, amparada en el determinismo social. Es una estrategia para borrar la colaboración de las elites en el reforzamiento del imperialismo de los Estados Unidos en el istmo18. Las municipalidades y los “Gobiernos”, en plural, sin poner nombres, ni apellidos, ni tendencias políticas otorgaron concesiones de tierras a un gran número de propietarios extranjeros19. La elite, tan determinada socialmente a aliarse con la raza más fuerte, no intervino en la política nacional para contrarrestar los efectos de la penetración cultural e incluso gradualmente empezó a celebrar las efemérides de los Estados Unidos20. Se explica por tanto que, al decir de Tomás, “no se hace sino lo que quiere que se haga el Presidente de los Estados Unidos21”. No extraña que, en ese mundo futurista, el idioma oficial sea el inglés22.

12Sin embargo el vacío de esa estrategia se revela a través de los hermanos, pues ambos participan activamente en el mundo económico. El tío Tomás no sólo contrató a Mr.Crissey, el antagonista de Julio Escalante, para que se encargara de un tramo del ferrocarril que está levantando23, sino que establece relaciones comerciales en Honduras24. Además, la empresa exporta chocolate a los EE.UU. Lo cual indica que el capital familiar de esta oligarquía se mueve de manera transístmica, para usar el vocabulario que Rodríguez visibiliza en su libro Dividing the Isthmus. Central American Transnational Histories, Literatures & Cultures.

13En este futuro alternativo, las consecuencias de esta asimilación pacífica implican cambios en la demografía nacional. Los únicos costarricenses de la novela son los familiares de Julio y, a su alrededor, abundan los “sajones” de pelo rubio: desde el muchacho que le carga las maletas al llegar25, hasta los niños que se asoman al acercarse al centro de San Rafael26. Además, en ese espacio real-e-imaginario, modelado a partir de una topografía concreta, no hay cabida para los indígenas, pues se asume que la conquista española los aniquiló[27]. El que no se haga referencia alguna a los guatusos, quienes se habían mantenido como una comunidad estable hasta la explotación hulera de la zona descrita ya muy entrado el siglo XIX y habitan ese mismo territorio, lo confirma28.

14Por otra parte, el desplazamiento del café por el cacao y la fábrica familiar de chocolate evidencia una estrategia estética y metafórica que le añade aún más ambivalencia al texto29. Sin embargo, éste no es impedimento para sacar conclusiones sobre la sociabilidad de este espacio fabril. De hecho, la ambigüedad sobre el origen étnico de los operarios nos lleva a uno de los episodios más reveladores de la novela.

15En las primeras páginas de la novela, se sabe que Teodoro sólo tiene un operario “nacional” en su fábrica, pues es el responsable de una falla mecánica, lo cual comprueba a ojos de Tomás el peso del determinismo social. Al respecto Teodoro se queja: “Mal hago en tratar de mantener esa gente en mi fábrica”[30]. Más adelante, se organiza una huelga en la fábrica y, por lo expresado anteriormente, es claro que los trabajadores americanos se han rebelado en contra del “latino”. Esta subversión no extraña, pues en una de las discusiones señala don Tomás, al referirse a la mano de obra americana:

16Yo la utilizo como máquinas, como bestias de carga. Es la mejor forma de mi desprecio. Son una fuerza valiosa. Unos caballos inmejorables. Ellos no se enferman nunca, no se les muere nadie, no dejan de trabajar el lunes, no conocen más días festivos que los que uno quiere darles, no hablan, sobre todo no hablan. Y qué manera de trabajar. Cada uno vale por dos de los nuestros, en cantidad y en calidad31.

17Los ecos de las condiciones de producción del sur esclavista de los Estados Unidos que Walker quiso reproducir en Centroamérica se escuchan claramente32. Sin embargo, no es necesario ir muy lejos. Específicamente en Costa Rica, señalan Palmer y Molina que, entre 1880 y 1930, los campesinos pobres y los indígenas defendieron las tierras comunales; los pequeños y medianos caficultores ejercieron más presión para que los exportadores y los beneficiadores les cancelaran el café a mejor precio; y los artesanos y obreros urbanos se organizaron para luchar por aumentos salariales y la disminución de la jornada de trabajo33. En otras palabras, las condiciones laborales eran sinónimo de explotación.

18En pocas palabras, la asimilación imaginada por Soto Hall supone reemplazar la mano de obra “latina” por “sajona”, implicando así que la hegemonía no se vería desafiada, a pesar del determinismo social. Sin embargo, la resolución de la huelga, un instrumento de protesta ya conocido en el país por las huelgas durante la construcción del ferrocarril34, siembra el germen de la sumisión “latina”. Mr. Crissey, el estereotípico hombre de acción, toma el control de la situación cual capataz y disuelve la huelga porque Teodoro, el dueño, no logra reaccionar35.

19Sin hilar muy fino, la utópica e inexistente diversidad étnica de la zona, se justifica desde el punto de vista regional, al asociarse en primera instancia con el único país que para fines del siglo XIX había logrado promocionarse como nación homogénea y blanca. Tan exitosa había resultado la campaña costarricense que, en la novela Edmundo (1896) del guatemalteco José Beteta, indica Palmer que el protagonista se marcha de Guatemala y se asienta en Costa Rica. En la última escena, se describe al protagonista en un ambiente paradisíaco y, sobre sus rodillas, juega un bebé de cabellos rubios36.

20En segundo lugar, si el futuro de ese espacio lo determina la pareja triunfante: Mr. Crissey y Emma, significa que la regeneración étnica va por buen camino. El tío Tomás se casó con una estadounidense y su hija Emma, a su vez, se casa con un estadounidense. En contraposición, su sobrino Julio, educado en Francia, se suicida y el peor temor de Margarita, la costarricense expatriada y prometida de Julio, se hace realidad: la soltería. La imposibilidad de reproducción social de la pareja “latina”, es un hecho.

21Siguiendo los planteamientos de Stephan Leopold sobre María de Jorge Isaacs, novela paradigmática de finales trágicos y que inicia con el regreso del protagonista a la hacienda familiar, la esperanza cifrada en Julio está condenada desde el principio. Su final trágico disemina el proyecto nacional, en vez de reforzarlo. Más que una lectura “patriótica”, evoca melancolía por ese objeto perdido, en este caso, la soberanía nacional. Indica Leopold:

22Desde mi punto de vista, esta oscilación entre lo especular-eufórico y lo paranoico-disfórico es, acaso, la característica más interesante de las ficciones fundacionales del siglo XIX latinoamericana. A diferencia del esquema propuesto por Sommer, los textos concretos diseminan lo pedagógico cuando, al lado o en vez del happy ending, enfocan la pérdida dolorosa de un personaje principal inconmensurable con el proyecto homogenizador de la nación postcolonial37.

23Leyendo entre líneas podríamos suponer que el padre llama a Julio sólo para interrumpir o incluso romper el enlace matrimonial, tal como lo hizo el padre de Efraín en María38. La novela no sería tan patriótica o antiimperialista39 por mostrar el obstáculo de la penetración cultural yanqui, sino que sería de la familia paranoica-disfórica por diseminar la nación, lo pedagógico según Bhabha40. El texto, en sí mismo, es un espejito roto y melancólico, representa una pérdida más que fundamental porque es el fin de la nación y, en sí mismo, el texto perpetúa esa pérdida41. Se perfila cierta resignación porque, como señala Leopold, la salvación prometida siempre queda aplazada42. Esto entronca muy bien con la interpretación de Ana Patricia Rodríguez, quien considera el texto como una disculpa por parte de Soto Hall, debido a su complicidad con el imperialismo estadounidense, con la dictadura de Cabrera e incluso su afiliación con la generación del Olimpo43.

24En suma, la trama revive las expectativas no explícitas en la novela de los conservadores nicaragüenses al hacer venir a William Walker en 1855: una asimilación plácida, que les permitiría “entrar” en la modernidad y “limpiar” racialmente a la sociedad, regenerarla y convertirla en toda una máquina de producción valiéndose justamente del canal interoceánico44. Se puede leer entonces la novela como el desenlace anhelado por la elite nicaragüense de mediados del siglo XIX, hecho realidad en un espacio ficticio representativo de cualquier país centroamericano. Sin embargo, el que se trate de una novela futurista de alcance centroamerica