Ficha n° 1786

Creada: 22 noviembre 2007
Editada: 22 noviembre 2007
Modificada: 17 diciembre 2007

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Autor de la ficha:

Tanius KARAM

Editor de la ficha:

Nathalie GALLAND

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Identidad Social y Comunicación en el caso de las Organizaciones Civiles de Derechos Humanos en el conflicto de Chiapas

En este trabajo se presenta el análisis de las estrategias comunicativas que han desarrollado las organizaciones civiles de derechos humanos en el conflicto del sureste mexicano. Para ello, se presenta una breve contextualización histórica de las organizaciones civiles y dentro de éstas, de las más renombradas en materia de derechos humanos. Finalmente se describen y analizan algunas de sus estrategias comunicativas así como el impacto que éstas tuvieron.
Autor(es):
Tanius Karam
Fecha:
Noviembre 2007
Texto íntegral:

1Conformen pasan los años después del levantamiento del 1 de enero, los análisis se multiplican así como las perspectivas. El problema ha sido complejo y sobre los investigadores de muy diversas áreas han llamado la atención aspectos más específicos o interrelaciones de los mismos.

2Nuestro análisis de centrará en una doble perspectiva: por una parte la caracterización del conflicto en Chiapas y de las organizaciones civiles; por la otra el papel estratégico de la comunicación como un aspecto en la construcción de estos grupos. El eje que une ambos temas es la formación de nuevas redes informativas que han dado un dinamismo a las organizaciones civiles (tanto a las que trabajan en la zona de los Altos de Chiapas, como a las que no) en su acción interior y en sus nexos con el exterior; de hecho el conflicto Chiapas ha demandado nuevas mediaciones de estos grupos, y nuevos retos importantes.

3La reflexión y análisis de las organizaciones civiles de derechos humanos (OC de DH), a pesar de la importancia que tienen en el ámbito nacional, ha quedado en ocasiones reducido a un plano academicista, que poca cuenta da, de su complejidad, dinámica e importancia. No caeremos, como bien lo advirtió el escritor Carlos Monsiváis, al principio de la aparición social de estos grupos en la década de los ochenta, en su vituperación y triunfalismo, por el contrario, cuanto más acercamiento y diversas aproximaciones, se contribuyé a su consolidación, aun cuando esto suponga evidenciar las no pocas contradicciones en las que en ocasiones incurren; de cualquier forma en nuestro ánimo priva el deseo, sobre todo, de ponderar sus aportaciones.

1. La emergencia de las organizaciones sociales de Derechos Humanos en México.

4Desde hace poco menos de 15 años, uno de los temas dominantes del discurso político mexicano ha sido el de ‘sociedad civil’ y la ‘ciudadanía’ ( Cf Fernández Santillana, 2001:12). Esto se debe en buena medida a su íntima relación con la democracia, la que sin duda, es el asunto más importante de nuestro tiempo: la sociedad civil es la base de sustentación de cualquier proyecto alternativo al juego de poder de grupo.

1.1. Una caracterización conceptual

5En términos generales se entiende por Organización Civil (OC) aquellos sectores civiles organizados y con acciones reivindicativas concretas en el campo de lo social. Silvia Bolos (1999: 21) destaca el carácter marginal del que surgen estos grupos, ya que en muchas ocasiones se sienten excluidos de la distribución de recursos económicos, políticos y sociales. Las entenderemos como sinónimo de Organizaciones no Gubernamentales (ONG’s), si bien existen algunos matices terminológicos. Tanto en las OC como en las ONG’s se recupera lo cívico (no gubernamental) se constituye a partir de los profundos cambios en las relaciones tradicionales y el contrato social, un ambiente dominado por el escepticismo hacia las instituciones, los grandes proyectos y las promesas de bienestar.

6En las sociedades latinoamericanas el concepto de “sociedad civil” (SC) se interpreta en base a la conjugación de cinco procesos estructurales que indican la transformación de los últimos años (Morales Gil de la Torre, 1995: 35) que incluye la transición de estados autoritarios hacia la implantación de democracias formalmente liberales; el cambio de modelo económico de la sustitución de importaciones e intervención estatal reguladora a un modelo de mercado neoliberal dependiente; la pérdida de poder y soberanía de los Estados ante la globalización económica y la influencia de organismos supra-nacionales; la constitución de actores colectivos, desde el ámbito de la vida cotidiana, como una estrategia de sobrevivencia, autogestión de bienes colectivos y movilización de protesta contra las consecuencias más funestas de la crisis económica y la exclusión social y política; y la des-estructuración de los pactos corporativistas y de clases para el desarrollo nacional, en la que los actores y las clases sociales se subordinaban a un Estado paternalista y constituyente del sistema social y, como consecuencia, el deseo de autonomía de dichos actores frente al Estado. Así, la SC entra en escena como la expresión de una pluralidad de actores colectivos y sociales que democratizan e interpelan al Estado, al mismo tiempo que, con su participación más activa, acelera procesos de diferenciación entre el estado, el sistema político y la misma sociedad.

7Las organizaciones civiles (OC) se inscriben en la conformación de la nueva identidad social concretada en el conjunto de nuevos movimientos sociales, algunos de los cuales funcionan en dirección contraria a los intereses del poder. Si bien la presencia de OC se asocia a los cambios en la acción colectiva, son una respuesta a la aplicación de las políticas de ajuste, al adelgazamiento del Estado, la contracción del gasto social, a la crisis de los partidos y al sistema de partidos, a la incapacidad del gobierno para responder eficientemente a la compleja gama de funciones que le corresponde ( Cf Charry y Calvillo, 2000: 11). Sin embargo estas causas no puede reducirse a la dimensión social o política, sin tomar en cuenta consideraciones culturales, simbólicas y tecnológicas.

8La complejidad de las OC no impide subrayar ciertos para una clasificación general. París Pombo (citada por Charry y Calvillo, 2000: 10) agrupa los nuevos movimientos sociales en dos tipos (simbólicos y comunitarios) que son al mismo tiempo dimensiones de la acción. Los movimientos de DH corresponden a los primeros (simbólicos) porque suelen agrupar a un número reducido de individuos, pero tienen una profunda influencia ideológica al nivel de toda la sociedad (en dirección a un cambio en la cultura política). A diferencia, los comunitarios pueden ser mucho más masivos y su tendencia es a agruparse en coordinadoras o uniones; sus prácticas son más instrumentales, con demandas más concretas (agua, abastecimiento, escuela, transporte). Las OC también pueden dividirse de acuerdo a la espacio-temporalidad de su acción, por los plazos de acción (corto, mediano y largo plazo, acotado o amplio), por su ámbito prioritario de acción (local, regional, nacional, internacional). Resulta frecuente encontrar que algunas OC se inicien con acciones comunitario instrumentales y en su trayecto surjan demandas o aspiraciones más elaboradas que dan cuenta del crecimiento cultural de los grupos; tal es el caso de algunos grupos locales que de demandas concretas han dado un salto cualitativo en la organización para formar organizaciones preocupadas por los DH. Por otra parte, las organizaciones simbólico culturales desarrollan su trabajo en torno a demandas más representativas (ciudadanía, equidad, medio ambiente) tienen logros y presencia de más largo plazo, aunque en sus estrategias de trabajo incluyan acciones y obtengan resultados a corto, mediano y largo plazo, como el caso de las OC de DH. Charry y Calvillo completan la especificación de las OC al señalar su rasgo de heterogeneidad; son grupos que se conciben en “sujetos de su propia historia”, poseen un nuevo principio de autonomía y tiene un vínculo ético con la democracia, su composición social es poli-clasistas o trans-clasistas.

9El movimiento por la lucha y defensa de los DH destacan un conjunto de demandas amplias: supresión de la tortura, aplicada a los acusados y de la represión utilizado por el gobierno con la población, asimismo en contra del abuso de las autoridades. Algunas de las luchas tradiciones han sido por la presentación de desaparecidos, la libertad de los presos políticos, a favor de los perseguidos y exiliados políticos, por el castigo al os represores y por las libertades políticas. Lucha por limitar la impunidad a las autoridades infractoras de los DH y por obligarlas a reconocer y respetar los derechos que asisten a las víctimas. Para Ramírez Saís (1997: 203) los agrupamiento defensores de DH no conforman un movimiento sectorial, sino una red de movimientos, porque la lucha por estos derechos adhieren no sólo un número amplio de comisiones, academias, centros, ligas, coordinadoras y organismos específicos, sino también diferentes grupos sociales del campo y la ciudad, así como numerosas ONG’s, partidos políticos y diferentes congregaciones religiosas.

1.2 Algunas notas históricas

10En México los DH fueron un tema marginal durante muchos años. En el exterior el gobierno mexicano y sus autoridades argumentaban que en México había violaciones asiladas, pero no un patrón recurrente. Dentro del país, los gobernantes insistían en que se trataba de ideas exóticas y ajenas y no faltó quien dijera que era un instrumento del intervencionismo yanqui. Se insistía estaba la constitución y, en los último casos, algunos derechos — como la democracia — tenían que esperar a que se alcanzara la justicia social. Por inocencia, convencimiento o miedo, la sociedad mexicana aceptó este dictamen oficial que poco a poco se fue erosionando y perdiendo validez.

11Por otra parte, el fenómeno de la sociedad civil mexicana ha sido complejo y también hasta hace no mucho (prueba los cambios que hemos vivido) considerado con poca frecuencia. En término formales en el país ha existido un estado de derecho, las garantías individuales han estado consagradas en la Constitución, la propia Carta Magna define un régimen político representativo, democrático y federal, existe una legislación para la elección democrática de los gobernantes y hay una serie de derechos sociales consagrados en la constitución que van de lo laborales a los servicios básicos. Sin embargo en la realidad el derecho no había siempre la norma que rige las relaciones de los mexicanos con el Estado; como es conocido y respaldado por abundante evidencia empírica y documental los derechos civiles habían sido conculcados por la corrupción y la impunidad de las autoridades; el federalismo negado por un centralismo presidencial que también ahoga los poderes legislativos y judicial, los procesos electorales frecuentemente fraudados por el gobierno y finalmente los derechos sociales obligatorios son escamoteados a amplios sectores de la población. Por lo tanto podía decirse que los mexicanos no éramos (o seguimos siendo) ciudadanos o al menos no plenamente, o unos más que otros. Esto es fue lo que caracterizó al régimen político mexicano (Smith 1995: 52), desde aquí podemos decir que estudiar los derechos humanos en México, presupone ver cómo ésta ha cambiado, cuáles han sido los rasgos del nuevo pacto social.

12La aparición de movimientos reivindicativos de derechos humanos emergió a partir de la represión política de 1968. Los setenta fueron una década de fuerte represión al interior, justificado desde el discurso de la “seguridad nacional” muy de boga en otras partes de la región; en el sexenio del presidente Echeverría se dio lo que se ha llamado la “Guerra Secreta” entre el gobierno y los grupos disidentes armados que surgieron principalmente a partir del movimiento de 1968. De 1970-1976 desaparecieron más de 360 ciudadanos; en este marco, surgió en agosto de 1977 formalmente el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, ha estado compuesto desde entonces por los familiares de las víctimas de las violaciones de los derechos humanos ( Cf REDTDT 1996 T.2: 15).

13A partir de mediados de los ochenta la expresión organizaciones de la sociedad civil se populariza. Según Monsiváis (1988: 78-79) su aparición se hace explícita a partir de los sismos de la ciudad de México, en septiembre de 1985:

14“Entre nosotros es accidentada la trayectoria semántica de la expresión sociedad civil. Durante mucho tiempo, sólo significa la ficción que el Estado tolera…Luego , reintroducida por teóricos gramsciano la expresión se restringe al debate académico…“Pero el terremoto determina el auge del término. Y ya el 22 de septiembre (1985, dos días después) su uso se generaliza, al principio sinónimo de sociedad, sin ningún acento en los aspectos organizativos. Y a principios de octubre la práctica es dominante: sociedad civil es el esfuerzo comunitario de autogestión solidaria, el espacio independiente del gobierno, en rigor la zona del antagonismo. Y las objeciones teóricas, por fundadas que sean, resultan inoperantes…“Ante el éxito del término, sustentado en el rechazo de la impunidad gubernamental, los funcionarios se lanzan a la recuperación de las confianza…”

15Una de las consecuencias de la movilización generada por estos acontecimientos fue, un par años más tarde, la formación de nuevos grupos defensores de los DH. Tras los pioneros Frente Nacional contra la Represión y el Frente Nacional de Abogados Democráticos, vinieron otros muchos organismos como Servicio Desarrollo y Paz A.C (SEDEPAC), la Academia Mexicana de los DH, el Centro Fray Francisco de Vitoria, el Comité de Solidaridad con Grupos Étnicos Marginados, la Comisión para la Defensa d los DH, el Centro Binacional de DH, el Centro de DH Miguel Agustín Pro, que adquirieron una presencia social significativa, y coincidían en el deseo de responder con nuevas mediaciones a los desafíos que planteaba la debacle económica del régimen de la madrista.

16En el periodo del presidente Carlos Salinas (1988-1994) se dio un incremento en la violencia política. Desde los primeros meses, los golpes espectaculares al sindicalismo petrolero, falta de respeto de las elecciones locales (con la excepción de la primera elección en Baja California, a los pocos meses de tomar el poder). Más allá del afán de control del “hombre que quiso ser rey1 ”, Morales H. (1995: 75) atribuye el clima de violencia política a un conjunto de hipótesis en las influye: a) el desplazamiento de grupos de poder dentro (los tecnócratas, en su mayoría economistas egresados de universidades extranjeras, a la vieja política, en su mayoría abogados de universidades públicas nacionales); b) el entorpecimiento del tránsito hacia la modernidad; c) la descomposición del sistema político mexicano tradicional; d) nuevos poderes allegados al sistema político: narcotráfico, el gran capital, la cúpula eclesial, los políticos desplazados, los militares. En resumen, una modernización muy anunciada pero contenido; un nuevo proyecto neoliberal anunciado desde el periodo de Miguel de la Madrid, pero sin una estructura social y política que la soportara. El autoritarismo salinista en lugar de contener estas fuerzas, las detono, y la bonanza económica, la proyección internacional anunciada, solamente radicalizó las diferencias sociales y políticas (tanto al interior de el partido oficial, como en la relación con otras agrupaciones, en especial del Partido de la Revolución Democrática)

17Por tal motivo el recuento de daños en materia de derechos humanos de tinte político es notorio. Más de 400 asesinatos políticos, de los cuales el 75% correspondía a militantes opositores de centro-izquierdista PRD. No resulta casual la creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en 1990, que ha funcionado desde entonces como ventanilla de quejas del aparato gubernamental; su interés por los DH fue meramente pragmático: el gobierno los asumió como una estrategia de recomposición de la imagen ante el exterior, como parte de una campaña de relaciones públicas y como vehículo para paliar algunas disfunciones en los malos manejos de la autoridad, mediante “recomendaciones”, sin valor jurídico; todo ello, lejos de medidas sociales integrales o de acuerdos políticos con la oposición.

18En el periodo del presidente Zedillo (1994-2000) inició tuvo que devaluar a moneda que sobrevino en enero de 1995, en el Efecto Tequila ; las consecuencias socio-económicas fueron insospechadas en la historia social: desmantelamiento de las instituciones encargadas de la procuración de justicia; incremento impresionante de la inseguridad (sobre todo en ciudad de México), perdida de control en la lucha contra el narcotráfico, constante cuestionamiento sobre policía, y sobre todo, impunidad. Si bien Zedillo no fue el presidente más autoritario y despótico dentro del nacionalismo revolucionario mexicano, su sexenio en cambio devino en uno de los más violentos. Repertorio de asesinatos, secuestros, inseguridad trepidante, falta de control institucional pueblan los diarios del periodo. El listado de eventos violatorios impresiona por su diversidad: su mandato, el 1 de diciembre de 1994 se inaugura con agresiones a periodistas, siguen los eventos en Chicomosuelo (Chiapas), detenciones de presuntos miembros zapatistas, allanamiento de la policía judicial, el conflicto del sindicato del transporte público en la ciudad de México “Ruta 100”, el asesinato del magistrado Pola Uscanga, el caso Aguas Blancas (en la provincia de Guerrero) y una serie de matanzas en el estado, el caso Tepoztlán (a menos de 100 km de la capital del país); al mediar el sexenio la masacre de Acteal y un larguísimo etcétera. Se podrá argumentar que siempre ha habido detenciones, allanamientos y matanzas; dos puntos piden una matización a este argumento: por una parte, el incremento cuantitativo de los hechos represivos; por la otra el contexto de fragilidad institucional, de zozobra social, el incremento de la militarización, creación de nuevas zonas militares, replanteamiento oficial de la seguridad pública; en una palabra, ingobernabilidad, impunidad, ausencia del estado del derecho.

19En resumen, un recorrido del tema de derechos humanos por la historia de los gobiernos nacional-revolucionarios (1929-1970), populistas (1970-1982) y neoliberales (1982-2000) revela el desgaste del estado mexicano y sus mecanismos de control social. La historia de los DH en el país y sus organizaciones es unos de los principales para entender la historia de la participación de la sociedad en la vida pública y política. Los DH como discurso e institución es la respuesta a este deterioro; su camino es paralelo a la democratización del país, y el eje de su lucha, defensa y promoción ha permitido a algunos sectores de la sociedad orientar sus luchas y dirigir sus acciones, creando consensos a partir de los argumentos vinculados a los DH.

2. Las Organizaciones Civiles de Derechos Humanos en Chiapas

20Desde los primeros días del evento, algunos sectores de la sociedad se vieron interpelados por los comunicados del Ejército Zapatista (EZ), lo que llevó a la formación de plataformas para responder a este llamado como fue la Coordinadora de Organismos Civiles por la Paz (CONPAZ). Este llamado del subcomandante Marcos tiene como antecedente del trabajo que organizaciones civiles venían realizando desde años atrás y el prestigio de autonomía, independencia y crítica con respecto al gobierno (sobre en el periodo de Carlos Salinas) que algunos de otros grupos habían adquirido. Marcos no hubiera apelado a ellas si la experiencia hubiera sido negativa; al hacerlo quiso montar sus propias redes; revitalizó los grupos y reconoció — sin hacerlo explícitamente en sus comunicados — su trabajo. El estado de estos grupos en Chiapas era mínimo, inexistente, por eso la movilización de la sociedad civil nacional e internacional animó la creación de grupos y redes de organizaciones que asumieron en primer lugar las demandas del EZ como propias. Haremos una breve mención a estos actores.

2.1 Organismos Civiles de Derechos Humanos

21Existen en México algunas centenas de organizaciones civiles que tienen interés por derechos humanos, éstos incluyen desde los comités que existían en los setenta, las nuevas organizaciones que emergieron a raíz de los terremotos en la ciudad de México, más la pléyade de ONG’s que formalizaron su actividad a finales de los ochenta. De manera reciente se incluyen incluso universidades, las cuales hacen trabajo de denuncia, investigación y estudio de los DH.

22El crecimiento de los OC de DH planteo la necesidad de nuevos mecanismos de trabajo al interior y al exterior. Las necesidades que tenían que cubrir, los grupos y actores con los que se vinculaba, la nueva relación con el estado, interpelaban las formas organización.

23a) El _Centro de Derechos Humanos “Fray Bartolomé de Las Casas”(CDHFBC) _
El CDGFBC es uno de los centros más activos, y quizá de las organizaciones civiles (en esta nueva modalidad de estructura). Este Centro es una organización no gubernamental que concibe su tarea como la promoción y la defensa de los derechos humanos. Es una instancia creada por la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, cuyo obispo fue Samuel Ruiz García. Atiende todos los casos de violación de derechos humanos que se le presentan, sin distinción de credos u opciones políticas, dando preferencia a aquellos en los que las víctimas se encuentran marginadas de la sociedad por su pobreza.

24Desde su fundación en 1989, el CDHFBC ha atendido múltiples casos de violación a los derechos humanos, y esto le ha atraído en ocasiones ataques por parte de quienes están interesados en perpetuar una cultura de violencia y una estructura de discriminación y represión. A pesar de ello, este Centro ha procurado en todo momento ser fidedigno y veraz, contando para ello con el trabajo de muchos hombres y mujeres.

25Algunas de las funciones principales de este centro son defender las víctimas en los casos de violaciones a los derechos humanos así como la defensa legal de los casos que lo ameriten ante los tribunales y las instancias estatales, nacionales e internacionales pertinentes con el fin de obtener la restitución que corresponda, el cumplimiento pleno de la justicia, la sanción de los responsables y la aclaración pública de los hechos; recopilar datos fidedignos sobre casos y situaciones de violación a los derechos humanos, difundir y denunciar a través de diversos medios de comunicación social los casos que lo ameriten; promover y desarrollar la investigación y análisis sobre los derechos humanos en sus diferentes dimensiones y buscar la solidaridad con instituciones, grupos y personas afines con la defensa y promoción de los derechos humanos. El CDHFBC ha procurado multiplicar sus esfuerzos a través de nuevas organizaciones de base llamadas Comités de Derechos Humanos. Éstos nacen del trabajo de capacitación realizado por el Área de Educación. El trabajo de las parroquias de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, ha sido muy importante en la formación de los Comités. En algunos casos, este trabajo precedió ó se inició al mismo tiempo que el del Centro.

26b) Coordinadora Nacional de ONG’s por la Paz (CONPAZ)

27En los llamados directos del EZ a la sociedad, la respuesta más integrada en el estado de Chiapas fue la CONPAZ, que cumplió una función importante del inicio de las hostilidades en 1994 hasta su desaparición en noviembre de 1997. Esta coalición de ONG’s surgió a los pocos días del levantamiento zapatista, el 4 de enero de 1994, como una primera respuesta civil a la nueva coyuntura. Su proceso de gestación tuvo que ser rápido, unos días después, el 18 de enero CONPAZ organizó una caravana al Ejido Morelia organizó las visitas y colaboró en la formación de los primeros informes sobre la situación en la zona. La creación de CONPAZ — señala Bellinghausen (1997) — no se trató de un nuevo grupo de actores de la vida social chiapaneca, sino justamente de la sociedad civil que ya se encontraba trabajando con las comunidades indígenas. En su origen está la lucha por la paz en condiciones f