Ficha n° 2186

Creada: 23 mayo 2009
Editada: 23 mayo 2009
Modificada: 26 mayo 2009

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Autor de la ficha:

Juan BLANCO

Editor de la ficha:

Marta Elena CASAÚS ARZÚ

Publicado en:

ISSN 1954-3891

¿Dónde está el Manifiesto de la historia intelectual?

El ensayo es un intento de situar y problematizar las investigaciones desarrolladas en Guatemala en el ámbito de la historia intelectual. Se inicia con un esfuerzo de indagación acerca de la situación de las humanidades en la actualidad. Esta visión panorámica al ámbito de las humanidades es desarrollada a partir de las propuestas teóricas del filósofo alemán Peter Sloterdijk. En base a dichas propuestas, se establece, de forma a penas introductoria, los aspectos fundamentales que constituyen, por lo menos a nivel teórico, la historia intelectual. Después de establecer dichos elementos de identificación de este complejo disciplinario, se procede a presentar y problematizar el trabajo de los principales intelectuales que desarrollan su labor académica, pero no exclusivamente, en el ámbito de la historia intelectual en Guatemala: José Cal, Marta Casaús, Bienvenido Argueta, entre otros. Finalmente concluimos con un intento de auscultación de las motivaciones intrínsecas de estos intelectuales guatemaltecos en la preferencia de sus temáticas de investigación.
Autor(es):
Juan Blanco
Fecha:
Junio de 2009
Texto íntegral:

1

Introducción

2En los últimos años se ha venido desarrollando, en el ámbito intelectual guatemalteco, especialmente en el campo que concierne a los humanistas y algunos cientistas sociales, un vivo interés en la investigación histórica a la luz de la llamada historia intelectual. Este fenómeno académico investigativo indaga, de forma preferencial, a los pensadores guatemaltecos liberales de finales del siglo XIX y los pertenecientes a la primera mitad del siglo XX, desarrollando las particulares propuestas de construcción teorética de los imaginarios de nación ofrecidos por éstos. Este movimiento inquisidor se desenvuelve con mucho ímpetu académico y convoca a un gran número de los principales intelectuales del país. Últimamente los trabajos de Marta Elena Casaús Arzú han establecido un modelo particular de referencia en el abordaje de los movimientos intelectuales del pasado, determinando un paradigma de orientaciones para el decurso de la actividad investigativa. Por su parte, los trabajos de teoría de la historia, que provienen del historiador José Cal, le ofrecen un tinte más especulativo a dicha labor académica. El proyecto de una historia intelectual se llena cotidianamente de académicos que vierten sus energías en el mismo.

3Sin embargo, en este adherente movimiento, así nos parece, se extraña la claridad de objetivos macros a partir de los cuales las tareas pudieran ser concebidas. Una fundamentación teórica de esta actividad requiere un cuidadoso análisis interpretativo que vislumbre las necesidades, apenas manifiestas, de los intelectuales comprometidos con este proyecto, una interpretación que inquiera y dé razón de sus objetos de estudio, sus elecciones y el porqué de las mismas, y otros elementos que le brinden unidad y sentido a esta actividad intelectual. Intuyendo este vacío evidente en dicho movimiento aventuraremos, muy superficialmente, una propuesta cuya finalidad es arrojar luces entorno a esta nueva realidad académica. Una pequeña propuesta que ilumine el sentido tomado por estos intelectuales contemporáneos es lo que aquí nos ocupa. La búsqueda nos llevaría finalmente a dilucidar un intrínseco manifiesto de la historia intelectual que dé razón de las condiciones que hacen posible dicha tarea y que apenas se asoma en las obras más reconocidas de los intelectuales guatemaltecos en dicho campo de estudio. Por otro lado, esta misma búsqueda nos llevará a una particular crítica de las motivaciones que rigen los estudios alrededor de la historia intelectual guatemalteca y de los ámbitos particulares de selección que son preferidos para su comprensión.

4El presente trabajo se desarrolla a través de una dinámica que va de lo general a lo específico de lo que aquí nos ocupa. Debido a ello iniciamos nuestra indagación a partir de una visualización, un tanto general, de la situación de las humanidades en la actualidad. Esta visión panorámica al ámbito de las humanidades se hará a partir de las propuestas teóricas del filósofo alemán Peter Sloterdijk. La opción por las propuestas teóricas de este autor tienen una doble intención; por un lado, sus propuestas nos ofrecen un conjunto complejo de necesidades históricas de las humanidades; por otro, sus afirmaciones son un llamado de atención ante las aspiraciones del quehacer de las humanidades, ante los anhelos aparentemente nobles de las mismas y la realidad de sus esfuerzos. Luego de dar noticia de estas propuestas, intentamos establecer de forma apenas introductoria los aspectos fundamentales que constituyen, por lo menos a nivel teórico, la historia intelectual. Luego de establecer dichos elementos de identificación de este complejo disciplinario, procedemos a presentar, en forma muy breve, a los principales intelectuales que desarrollan su labor académica, pero no exclusivamente, en el ámbito de la historia intelectual. Finalmente cerramos nuestro ensayo con un intento de auscultación de las motivaciones intrínsecas de estos intelectuales guatemaltecos a la luz de lo expuesto tanto en el primer apartado como en el segundo.

La situación general de las humanidades: el problema sloterdijkano

5Antes de dar inicio a nuestra labor propuesta se hace necesario realizar una revisión, un tanto superficial, y quizá muy tendenciosa, de la situación contemporánea de las humanidades. Para ello trataremos de sintetizar la polémica perspectiva que sobre la labor de las humanidades ha desarrollado el filósofo alemán Peter Sloterdijk. La elección de este pensador se vuelve pertinente ya que con sus teorías instaura, nuevamente, el debate acerca de las pretensiones sociopolíticas de los humanistas. Sus comentarios y reflexiones son un intento de auscultar los propósitos históricos de este tipo de disciplinas académicas. Si bien sus reflexiones no giran alrededor de un intento de exultación de las humanidades, sí evidencian un honesto compromiso con la comprensión de los alcances y límites que dichas disciplinas tienen en la actualidad; una actualidad en la que el discurso humanista aún no encuentra los medios necesarios para su expresión. Sus desafiantes ideas hacen posible que nosotros, los humanistas, reflexionemos acerca del peligro de nuestras buenas intenciones.

6Peter Sloterdijk es uno de los pensadores alemanes de nuestro tiempo que realiza una desafiante presentación de la situación de las humanidades y la función de las mismas en la configuración del hombre en cada uno de sus pretéritos o presentes contextos. Durante mucho tiempo las humanidades han realizado las más diversas funciones en la administración tanto del espíritu humano, como de las instituciones que generan las condiciones de posibilidad que, en cada época, le permiten al hombre desenvolverse, planificarse o hacer uso de él. En esta situación los humanistas realizan también el trabajo de adiestramiento del hombre en vistas a la adecuación del mismo a las instituciones históricas existentes. Sin embargo, este papel conformador de hombre – papel que juegan los humanistas en las sociedades donde están insertos -, genera una problemática actual que desafía el rol que éstas tienen. Sloterdijk en uno de sus más cortos textos, pero profundo por el alcance y perspectivas que dan qué pensar, a saber Normas para el parque humano1, realiza una aguda crítica a la labor de las humanidades, dando inicio con una estratégica referencia a los modos de comunicación y transmisión de los mensajes elaborados por ellas, estrictamente limitados a los libros, y mediados por el lenguaje escrito, que se convierte, al fin y al cabo, en “cartas dirigidas a unos amigos2”.

7El conjunto de conocimientos que los humanistas se han transmitido generación tras generación, manteniendo la dinámica de emisor y receptor trans-temporales a lo largo de los siglos, ha permitido crear una tradición escrita que genera maneras comunes de establecer foros de comunicación a distancia que hacen posible el establecimiento de grupos de trabajo y reflexión que asumen ideas proyectadas, proyectos insinuados, y aventuras teóricas que nacen demasiado pronto y que encuentran sus incubadores en tiempos futuros, o ideas que tuvieron auge en su momento y declinaron luego y que son resucitadas en otros tiempos. Este modo de proceder y establecer vínculos lleva a Sloterdijk a mostrar una primera idea en referencia a una de las características fundamentales del humanismo:
bq. En el núcleo del humanismo así entendido descubrimos una fantasía sectaria o de club: el sueño de una solidaridad predestinada entre aquellos pocos elegidos que saben leer3.

8El humanismo, según Sloterdijk, tiene varios objetivos por cumplir y algunos cumplidos. Estos objetivos pendientes son, en ocasiones, procesos de integración de anhelos antiguos con los que las sociedades vuelven a identificarse según las circunstancias y urgencias históricas. Entre la variedad de proyectos humanísticos expuestos por el filósofo alemán resulta muy ilustrativo y sintomático las pretensiones tomadas por dichos proyectos hacia finales del siglo XIX. Dichos proyectos, cuyos propósitos desarrollados en Europa giran en torno a la configuración de los Estados nacionales, tenían como finalidad última el implementar técnicas de inspiración para la conformación y cohesión de las jóvenes naciones. Este humanismo se dedica a dicha tarea cuando asume un cariz pragmático y creador de imaginarios de nación. Sloterdijk nos lo refiere de la siguiente manera:
bq. Allí donde […] el humanismo se volvió pragmático y programático, como en los siglos XIX y XX con las ideologías liceístas de los Estados nacionales burgueses, el ejemplo de la sociedad literaria se amplió hasta convertirse en la norma para la sociedad política4.

9Podemos decir que esta labor intelectual de los humanistas de los siglos XIX y XX no sólo se desarrolló en Europa pues también en las nóveles naciones recién independizadas del continente americano, sobre todo en los períodos históricos en que los poderes del liberalismo determinaban el modo de llevar a cabo la organización política, se desarrolló una labor similar. El objetivo era también el de la conformación de espacios de comprensión de sí mismo, espacios que permitieran identificar a un Estado establecido con las características de la nación y que, como consecuencia directa, en los Estados complejos en que no existía una homogenización cultural de los diferentes grupos que lo conformaban conllevó a la anulación de las diferencias a favor de la conformación de la única nación de tinte liberal e ilustrada y, por ende, de inspiración occidental.

10Este rol político que Sloterdijk destaca del trabajo humanístico hace patente la tarea ideológica de estos pensadores del hombre. Estos impulsos arquitectónicos que hacen de las humanidades una escuela de formación y creación del hombre vuelven políticamente complejos sus mensajes que son utilizados en sus determinados momentos de aparición o que tienen que aguardar a ser reasumidos en tiempos futuros. Estas propuestas arquitectónicas de los marcos teóricos de referencia constituyen configuraciones de sentido que en el siglo XIX desafiaban las estructuras políticas en pro de las identidades nacionales que favorecieran a nuevos grupos de poder o contrapoder surgentes. Sloterdijk realiza una denuncia del humanismo burgués de aquellos años que pugnaba por la instauración de las ficciones que llegarán a ser conocidas como naciones modernas. Estas ficciones sólo pueden ser transmitidas y justificadas por los humanistas que hacen posible la comprensión y sintonía de los individuos a nuevos proyectos políticos.

11Sin embargo, lo que en los dos últimos siglos se presentaba como la tarea del humanismo burgués comienza a llegar a su ocaso5 ya que

12La era del humanismo moderno como modelo escolar y educativo ha pasado, porque ya no se puede sostener por más tiempo la ilusión de que las macroestructuras políticas y económicas se podrían organizar de acuerdo con el modelo amable de las sociedades literarias6.

13Los viejos tiempos del humanismo son comprendidos hoy en día como elaboraciones ficcionales al servicio de los proyectos de la burguesía. Estos discursos que ofrecieron los humanistas eran mediados por intelectuales que otorgaban marcos de interpretación en pro de peculiares intereses sociales y, generalmente, de reducidos y oligárquicos grupos. Este proyecto burgués de los humanistas, que muchos negarán y habrán negado, comienzan a ser denunciados por aquellos eternos problematizadores de lo ya asumido y consagrado, instaurando un conocimiento cauteloso de las “buenas” humanidades.

14Pero esta labor de creación de espacios de referencia y comprensión se asienta en los supuestos a los cuales el humanismo apela como forma de orientación de su actividad, con un credo que da razón de sus formas de comunicación y educación:

15Forma parte del credo del humanismo el convencimiento de que los hombres son “animales sometidos a influencia” y que es por ello indispensable hacerles llegar el tipo correcto de influjos7.

16Esta autoconciencia de la funcionalidad del humanismo le otorga autoridad a su labor. La creencia de que el hombre es conformable ejerce en el humanismo un influjo importantísimo que permite la justificación de sus aspiraciones de liberación, construcción, creación del hombre nuevo, etc. Pero esta confianza en las fuerzas educadoras del humanismo está llegando a su fin. Los medios literarios que antes establecían comunidades de significación están perdiendo el poder de influjo que anteriormente tenían. Los nuevos medios de comunicación de masas están desarrollando nuevas formas educativas, desplazando las tendencias mediáticas que configuraban el espíritu del hombre. Sin embargo, en medio de esta situación de crisis y desilusión de los proyectos humanistas decimonónicos, sus representantes se vuelven poco críticos hacia sí mismos y prefieren esconderse en el elitismo intelectual a sabiendas que siempre conforman un club cerrado de elegidos, formados en el arte de la arquitectura de ficciones de imágenes del hombre.

17Esta serie de problemáticas que devela las reflexiones sloterdijkanas pone en alerta la autoconciencia del humanismo contemporáneo. Un humanismo que ha tenido como misión la conformación del hombre, la exposición del deber ser de los individuos en su época. Pero estas pretensiones orientativas del humanista develan hoy consecuencias peligrosas por el hecho de estar, en ocasiones sin saberlo ni pretenderlo, al servicio de las instituciones del poder o al servicio del poder anhelado por los intelectuales, poder que sólo puede ser realizado mientras las conciencias de los hombres de su tiempo sean educadas o “influenciadas” por sus discursos.

18Esta panorámica se constituye como un reto o llamado de atención al quehacer humanista actual. Un quehacer que en aras de la conformación de imaginarios de nación o de ficciones identitarias pretenden ser los portavoces de los proyectos de vinculación social. Estos proyectos, sin embargo, se vuelven peligrosos ya que la manipulación y amansamiento de los iletrados corre el riesgo de estar al servicio de las más crueles causas o intereses de reivindicación del poder de los intelectuales humanistas con ayuda de las masas debidamente “influidas”. Este es, pues, un panorama sombrío para la labor humanista.

¿Qué es la historia intelectual?

19El panorama actual de las humanidades, tal como es descrito por Sloterdijk, manifiesta una actitud de discernimiento ante las propias posibilidades que los proyectos humanistas ofrecen en pro de la domesticación del ser humano en los particulares espacios de convivencia social. La crisis de sentido y objetivo de las humanidades, en cuanto se refiere al modo de constituirse como propuesta de configuración del ser humano del siglo XXI, es un síntoma más de la debacle presente en las propuestas intelectuales de la modernidad tardía. Los responsables, empero, de dicha crisis no es ninguna especie de sistema que no valora los aportes de las humanidades. Este crisol de la teoría humanista proviene de sus más ilustres representantes, pues sólo quien conoce su oficio puede vislumbrar sus defectos y propósitos.

20El síntoma de la actualidad se constituye alrededor de la desilusión de las propuestas totalitarias que pretendían la solución de los problemas políticos, económicos y sociales y que la razón humana se consideraba capaz de solventar. La desconfianza ante las posibilidades de la razón – entendida como el mecanismo privilegiado de la ilustración moderna que guiaría al hombre a su plena realización – hace que los caminos que antes se consideraban seguros para la construcción de la humanidad plena se vuelvan borrascosos. Estas sombras que la soberbia racionalidad occidental pretendía iluminar se han vuelto cada vez más oscuras. La realidad contextual se niega a ser aprehendida directa y definitivamente por los mecanismos del conocimiento intelectual monodisciplinar. Aquellas pretensiones de las disciplinas llamadas científicas, consistentes en ausculturar las leyes inmanentes tanto de la naturaleza como de la sociedad, caen, cada vez con mayor ímpetu, en una incredulidad desbordante.

21Ante esta situación de crisis epistemológica u política de las ciencias humanas, aparece, como alternativa para solventar dicho descrédito, la peculiar idea que gira alrededor de la creencia según la cual entre mayor sea el número de disciplinas que aborden el mismo problema más certera será la comprensión del fenómeno a estudiar. Esta confianza inter-disciplinar pareciera ser el reflejo de la convicción democrática occidental: entre mayor sea el número de los que están de acuerdo sobre una situación determinada, mayor probabilidad habrá de poseer de ser lo verdadero. Esta confianza en la mayoría simple, que a nivel político las democracias facultan, comienza a subyacer en las pretensiones interdisciplinarias del abordaje de los temas. Dicha confianza es comprensible a partir del prejuicio de nuestra época según la cual “resulta legítima la preocupación de que todo poder y todas las formas legítimas de expresión proceden de las mayorías8”. Esto puede muy bien ser aplicado para el caso de la inter-disciplinariedad a la que se aboga en nuestro contexto intelectual y no sólo a la participación de las masas en los juegos del poder político. Se habla de integralidad del análisis, de estudios holísticos, ya que al considerar que “una” sola disciplina ya no es capaz de proporcionar las transparencias del problema abordado, dos o más tendrán, quizá, mayor posibilidad. Esta es la situacionalidad en la cual surge y se inserta lo que ha venido a llamarse historia intelectual. Este fin de la autotransparencia en la descripción y explicación de los problemas abordados por las ciencias humanas rigen el panorama actual y, a partir de él, podemos darnos una idea de los motivos y condiciones de posibilidad del surgimiento, dentro de la monodisciplina conocida como historia, de la multidisciplinaria historia intelectual.

22La historia ha vuelto a pensarse a sí misma. En este cavilar sobre sí, la historia se percata del engaño de sus pretensiones y llega a la conclusión que

23no hay una historia única, hay imágenes del pasado propuestas desde diversos puntos de vista, y es ilusorio pensar que haya un punto de vista supremo, comprensivo, capaz de unificar todos los restantes9.

24La historia se disuelve, y una debilidad constitucional se apodera de la misma. Este ocaso de la historia hace posible, dentro de sí misma, una infinidad de propuestas diversas, autopercatadas de sus limitados alcances. La historia intelectual es una de estas propuestas débiles, pues reconoce que la búsqueda de la transparencia de los fenómenos de investigación es una ocupación ilusoria.

25La historia intelectual es un engendro académico que únicamente es posible en la situación epocal contemporánea. Aquella problematización acerca del papel de las humanidades que Sloterdijk sugería, sumada a la actual crisis monodisciplinar antes mencionada, hacen posible la eclosión de esta compleja faceta disciplinar a la que nos referimos. Para José Sazbón la historia intelectual tiene entre sus predecesores a la historia de las ideas en el ámbito de lo meramente histórico; sin embargo, la historia intelectual no se orienta y conduce a través del quehacer meramente historiográfico o a partir de los clásicos procedimientos de las ciencias históricas, sino que utiliza herramientas del conocimiento que provienen de otras disciplinas humanísticas. De este modo, la historia intelectual es un conjunto disciplinario que se auxilia, para su labor, de los aportes teóricos y metodológicos de las otras disciplinas humanas: la filosofía, la antropología, la pragmática, entre otras. Es por lo anterior que la “historia intelectual no se siente inclinada a aceptar confines precisos al ámbito de su competencia10”. Esta aperturidad de fronteras que caracteriza a la historia intelectual le otorga las más ricas posibilidades para la realización de sus labores propuestas.

26La historia intelectual, entonces, es una muestra de la actual debilidad de las fronteras disciplinarias. La amalgama de disciplinas que le ofrecen horizontes teóricos y metodológicos de referencia se presenta como un síntoma significativo de la actual crisis de las identidades fijas de las diferentes disciplinas humanas. A esto se refiere Clifford Geert en su obra Conocimiento local11 cuando describe la situación a la que están expuestas las ciencias humanas y que califica como “la actual confusión de variedades del discurso12”, como una “desprovincialización intelectual13”.

27Para el grupo de investigadores de la Universidad Autónoma de México, en lo que se refiere a la historia intelectual, ésta tiene afinidades con muchas de las ciencias humanas actuales: la pragmática, el análisis del discurso, la semiótica, la hermenéutica, la simbólica social, la lingüística, antropología, sociología y la historia cultural misma. La historia intelectual se presenta, de esta manera, como una disciplina de confluencias teórico-metodológicas, como una amalgama disciplinar multiforme, “hospitalaria a enfoques diversos14”. Pero si éstas son las vertientes disciplinares que le constituyen y le caracterizan como tal, sus ámbitos de investigación no dejan de emular tal ampliación de sus marcos de interpretación. Todo esto hace evidente en ella la presencia de la multiplicidad de géneros que le constituyen.

28Tomando en cuenta las propuestas de José Sazbón y el proyecto de historia intelectual llevada a cabo por un grupo multidisciplinario e interinstitucional y propiciado por invest