Ficha n°38

AYCINENA, Sor María Teresa de la Santísima Trinidad


Cargo: Monja en el Monasterio Carmelita.

Nació: el 15 de abril de 1784 en la Ciudad de Guatemala Candelaria.

Murió: el 29 de noviembre de 1841 en la Ciudad de Guatemala.

Padres: don Juan Fermín de Aycinena e Irigoyen (1729-1796) y de su tercera esposa doña María Micaela Piñol y Muñoz (1761-1820)..

Resumen: Ni heroína de las libertades centroamericanas, ni esposa modelo, ni madre ejemplar, María Teresa de Aycinena y Piñol dejó peculiares huellas en la historia : las de una monja carmelita de alto rango social que buscó por todos los medios posibles la santidad sin alcanzarla.
Tres días después de su nacimiento fue bautizada en la Parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria siendo su madrina su abuela doña María Manuela Muñoz. Como ocurría con frecuencia en casos similares, se sabe que muy pequeña se inclinó por la devoción. Antonio Carbonel fue el arcediano llamado a escuchar sus primeras confesiones y sería luego su guía espiritual. Estos detalles son importantes para ubicar el « primer círculo » que rodeaba a esta mujer. No debe sorprender la presencia del Catalán Antonio Carbonel, porque este era un amigo cercano del abuelo materno de María Teresa, quien era también oriunda de Cataluña. Recibió la educación que se le daba a las hijas de la élite social en aquel entonces, en el colegio de niñas « La Presentación ». El 16 de noviembre de 1807, ante notario público María Teresa Aycinena y Piñol renunció a sus legítimas herencias. Vistió el hábito de novicia carmelita cuatro días después. Los nexos con el arzobispo Casaus y Torres se hicieron sentir rápidamente. En 1811 Fray Anselmo Ortiz era el confesor de nuestra monja y al mismo tiempo capellán del arzobispo.
Aunque las uniones matrimoniales eran claves para salvaguardar y asegurar la reproducción del patrimonio, la vocación religiosa formaba parte de una búsqueda no menos importante de capital simbólico. Para la familia Aycinena, el ingreso de María Teresa en el convento de la ciudad en donde se compartía un alto nivel de devoción, buscaba alcanzar este objetivo. Sin embargo el capital financiero tuvo su importancia en el caso de María Teresa. Así, en 1812, el sindico José Ricardo Yzaguirre recibió una donación de 6000 pesos por parte de la Señora Marqueza, entonces viuda, pero bajo la doble condición de que este capital fuera invertido en la construcción material de la Iglesia y que perpetuamente quede pencionado a dar un hueco sin dote succesivamente para una monja que nombrara la casa del señor Marquez y familia como patronos de la fundación que se haga. El sindico, en un informe dirigido al arzobispo, se mostró en desacuerdo con la condición de que el capital principal se invirtiera en la Iglesia. Según sus propias palabras El estado y pie en que se halla sus rentas no basta el año para sostener el numero fijo de religiosas aun sustentandose y vistiendose pobremente conforme a la vida austera y penitente que observan pues tienen otros costos precisos y necesarios como pagos de capellan, administrador, sacristan, salarios de sirvientes, medico, botica, cera, vino aceite, gastos de funciones de Iglesia. Precisaba que según los libros de la administración de su cargo, resultaba que sus principales ( sea el total de sus bienes) sólo ascendían a la cantidad de 107.000 pesos, fincados en cajas reales y particulares, que pagaban anualmente 27000 pesos al 4 % y el resto al 5%; y para que estos recursos pudieran alcanzarles para sus gastos annuales que excedían 6400 pesos, era preciso que los principales ascendieran a 128000 pesos, según la cuenta exacta que había hecho. El documento nos dice que las religiosas se conformaron al dictamen del administrador lo que, sin duda alguna, provocó bastantes desavenancias en el convento. Sin que haya necesariamente un vínculo entre los dos acontecimientos, poco tiempo después María Teresa de Jesús empezó a padecer de « éxtasis » y de fuertes dolores. Parece que los rumores comenzaron a circular por la ciudad de Guatemala durante la Semana Santa de 1815 : estaba marcada por los estigmas de Jesuscristo. En las semanas siguientes, bajo el auspicio y en presencia del arzobispo, la monja empezó a marcar pañuelos con formas de corazón. En agosto de 1816 los miembros del cabildo se emocionaban de tantos acontecimientos extroardinarios. El asunto está detenidamente explicado. El licenciado José Manuel Montúfar Aparicio demuestra muy bien que el caso provocó una pugna entre el arzobispo y el comisario del Santo Oficio, Bernardo Martínez, quien hizo todo lo posible para denunciar las “mentiras” de la monja Aycinena. (Se siguió una causa ante este Tribunal pero parece que el informe esta perdido para siempre.) El médico don Pedro Molina contempló las estigmas de la monja y fue de opinión que sus señales no eran llagas y calificó de “catalepsia” el mal que padecía la monja. Además de todo esto, José Manuel Montúfar subraya también la existencia dentro del convento de un círculo de parientes de la monja que podía sostener los fines de la monja : dos tías, sor María Manuela de Santa Ana y sor Delfina Piñol y Muñoz, una tía abuela, sor Catarina Muñoz, así como el caso elocuente de sor María Teresa de Jesús Piñol y Aycinena, que ingresó en el convento de Santa Clara y que se pasó después al de Santa Teresa por revelación de sor María Teresa. El asunto confirma la existencia de una red de solidaridad muy estrecha entre la familia Aycinena y la del arzobispo Ramón Casaus y Torres. De hecho la santidad de la monja nunca fue comprobada y ningún culto popular se desarolló luego de estos acontecimientos. El doctor Montúfar en su Reseña Histórica dice : No solo el Papa ordenó a Fray Ramon que no entrara al convento de Santa Teresa. La misma orden le intimó el Gobierno por decreto de 8 de julio de 1826 (...).


Autor de la ficha: Christophe BELAUBRE

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