Ficha n° 1999

Creada: 10 agosto 2008
Editada: 10 agosto 2008
Modificada: 10 agosto 2008

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Autor de la ficha:

Claudia PONCE PRUD'HOMME

Editor de la ficha:

Sajid Alfredo HERRERA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Las ventas y las vendedoras. Mercados, espacios públicos y orden urbano “moderno” en el Salvador, 1944-1948

Este artículo intenta esbozar, a partir del tamiz de un periódico salvadoreño de la década del 1940, denominado La Tribuna, los imaginarios y las prácticas de las ventas en El Salvador de mediados del siglo XX. Por esos años, aunque el país se había librado del régimen martinista, no sólo se continuó experimentando la represión militar sino también una expansión urbana. Con ella, las voces de “modernizarla”, pero sobre todo, “higienizarla” se hicieron cada vez más fuertes. Esta cruzada demandaba la necesidad de construir mercados en las ciudades con el fin de “purificar el espacio público”. De ahí, entonces, que la mirada periodística sobre el problema de las ventas ambulantes hiciera también suyo “el sueño modernizador”. Desde una interesante combinación de enfoques (historia de género, de las ideas, social y cultural), el artículo nos muestra, a partir de la perspectiva de La Tribuna, las múltiples relaciones sociales construidas entre los diversos actores involucrados en esta dinámica modernizadora de los espacios públicos: vendedoras, alcaldía, gobierno central, comerciantes, policías, cobradores, etc. Relaciones sociales que no pusieron de manifiesto una dominación completa por parte de los hombres sobre las mujeres o de las autoridades sobre las vendedoras; más bien, mostraron una constelación de luchas, negociaciones y solidaridades.
Autor(es):
Claudia Ponce
Fecha:
Agosto de 2008
Texto íntegral:

1Este artículo busca acercarse a las vendedoras de los espacios públicos en El Salvador entre junio de 1944 y diciembre de 1948, sujeto de historia no estudiado hasta ahora en el país.

2El objetivo es insertar a las vendedoras y sus prácticas en un marco amplio, el estructurado por las relaciones que desarrollaron las vendedoras con otros grupos sociales y las generadas por estos grupos hacia estas mujeres entre 1944 y 1948. De esta manera, se plantean la siguiente interrogante: ¿Cuáles son las relaciones sociales entre las vendedoras y las autoridades, de cara a las medidas modernizadoras: orden e higiene en San Salvador entre 1944 y 1948?

3Para ello, se han seleccionado todas aquellas noticias del periódico La Tribuna, publicado durante el período de estudio, que abarcan de forma directa o indirecta la actividad de las ventas en los mercados o en los espacios públicos (calles, aceras, plazas, parques, etc.). Se ha deconstruido cada una de las noticias y se han vaciadas en un cuadro, en el que se han clasificado sus elementos con el objetivo de identificar diferentes tipos de términos y contabilizar la frecuencia de su uso.

4En un primer momento, se ha estudiada la ideología de las representaciones sobre las ventas y las vendedoras en la cual se basaban los periodistas de La Tribuna con el fin de clarificar los campos de interés de los diferentes autores.

5En un segundo momento, se han identificado a los actores más mencionados en los artículos de La Tribuna, vinculados con las vendedoras y las ventas. El objetivo es discernir a los actores que influían sobre las prácticas de estas mujeres.

6Para terminar, se han analizado los tipos de relaciones que construyeron las vendedoras para mantener sus prácticas frente al orden urbano, defendido tanto por las autoridades como por los mismos periodistas.

7El periódico La Tribuna: interés y límites para acercarse al objeto de estudio

8Es difícil caracterizar la línea editorial del periódico, ya que se observó una gran inestabilidad de los directores, asimismo del perfil político de ellos y del grado de coacción estatal entre 1944 y 1948. Se distinguen cuatro momentos que marcaron bifurcaciones en la orientación política del periódico. El de Pedro Geoffroy Rivas y el de sus sucesores críticos con el poder político (del 26 de junio de 1944 al 27 febrero de 1946), único momento de libertad de expresión y marco en se fundó La Tribuna bajo la dirección de Pedro Geoffroy Rivas1, un intelectual que se manifestaba comprometido con las aspiraciones democráticas y de justicia social expresadas fuertemente en aquella época. Al parecer en este momento el periódico tenía las características internas y externas más favorables para producir noticias y artículos sobre “lo popular” y “lo social” y para que se enfocara en sujetos sociales como las vendedoras de los mercados y de las calles.

9A partir de 1946, ocurrió una ruptura en la orientación del periódico. Hugo Lindo (del 1 de marzo de 1946 al 20 de julio de 1946), y su rechazo al comunismo marcó una postura más aceptable para el General Castaneda Castro. Una parte del equipo de redacción cambió y uno de los dueños del periódico se volvió el gerente del diario. El periódico se ajustaba al control estatal.

10Hugo Lindo, como su sucesor, y aún más, José Quetglas (del 29 de septiembre de 1946, al 1 de abril de 1948), que tuvo la dirección más larga del diario, defendieron una postura que creían auténtica, hasta crítica en ciertos momentos, pero que acataba las reglas de control a la libertad de expresión impuestas por el General Castaneda Castro. Ya no buscaban como en el primer año de La Tribuna la defensa del espacio de libertad de expresión total en el cual se fundó el diario. Definitivamente, este ajuste interno a la presión externa pudo provocar un cambio de escritura en ciertas noticias sociales que el General Castaneda Castro podía considerar como de índole política.

11Los últimos cuatro meses de La Tribuna marcaron la culminación del control de Castaneda Castro sobre este periódico. Al volverse el jefe de Estado el accionista mayoritario del periódico, el pequeño margen de libertad desapareció. Con los dos últimos directores, Alberto Rivas Bonilla y Francisco Espinosa (del 30 de junio de 1948, al 11 de diciembre del mismo año). La Tribuna se transformó en una herramienta de difusión de los discursos del General Castaneda Castro.

12¿Continuación de un modelo agro exportador monopólico?

13Cuando se lanzó el proyecto periodístico de La Tribuna, en junio de 1944, la sociedad salvadoreña estaba en un momento muy peculiar de su vida política, un momento de libre expresión a raíz de la caída del general Martínez, (…) resultado de una oposición fundamentalmente urbana, que incluía tanto a sectores populares como de la clase dominante, así como reunía a intelectuales y a militares disidentes2.

14Si La Tribuna nació en un contexto de apertura política, este ambiente favorable fue muy breve. Rápidamente, los diferentes periódicos y las organizaciones políticas o gremiales contemporáneas tuvieron que ajustarse a un ambiente que retornaba al control y a la represión. De hecho, entre el Golpe de Estado del 21 de octubre de 1944, que promovió el jefe de la policía, el Coronel Osmín Aguirre y Salinas para evitar la elección democrática de Arturo Romero, y el Golpe de Estado del 14 de diciembre de 1948, que derrocó a Salvador Castaneda Castro por su intención de reelegirse, un periódico crítico como La Tribuna podía expresarse mientras no fomentara un complot concreto en contra del gobierno militar.

15El régimen de Castaneda Castro (1944-1948), al igual que su elección, fue autoritario y en la misma línea del modelo político y socio económico desarrollado por el general Martínez3. La sensibilidad social del gobierno se limitó a un discurso sin ninguna concretización seria y más adelante represiva con las organizaciones obreras4.

16Hay que entender estos cuatro años bajo la idea de un continuismo político que se inscribía en los lineamientos impuestos por el “martinato”: el coronel Osmín Aguirre como el general Castaneda Castro se esforzaron por hacer callar y reducir el movimiento democrático de mayo-octubre de 1944, a un simple movimiento de expresión sin capacidad de amenazar al régimen. Lograron poner entre paréntesis lo que en su momento fue una verdadera ruptura política, que durante unos meses permitió el desarrollo de prácticas y expresiones políticas inéditas.

17Sesenta años después, el historiador puede proponer, por lo menos, dos interpretaciones básicas sobre estos meses de 1944, muy poco estudiados, marcados por el multipartidismo y el dinamismo de varios gremios de profesionales.

18La primera interpretación es la que se lee hasta ahora en la historiografía, es un momento entre paréntesis y, por ende, que ocupa sólo unas frases o párrafos, casi sin darle mayor tratamiento, aparece a menudo, más o menos borrado en estudios que escogen una duración de, por lo menos, quince, treinta o más años. La brevedad de su tiempo parece borrar lo inédito y toda su potencialidad5”.

19A esta primera trampa muy peligrosa para el historiador debida a la corta duración, se agrega una segunda también muy común: la teleología. El conocimiento a posteriori del fracaso final del “movimiento democrático” de 1944 parece explicar la relativización de los acontecimientos por la historiografía de El Salvador.

20Esa primera tesis reduce estos meses de 1944 a un intento fracasado, a un brote sin futuro, borrando las consecuencias “posibles” que se desarrollaron a raíz de este periodo. En esta perspectiva, la idea principal que se atribuye a los gobiernos de Osmín Aguirre y de Castaneda Castro es solamente la del continuismo del gobierno del General Martínez. Pero, ¿Cómo articular continuismo político y derrocamiento sin regreso del General Martínez? ¿Sólo es una cuestión de rechazo a la persona de Martínez? Borrar o reducir 1944 a un simple momento sin futuro no permite responder a este cambio político.

21Entre 1944 y 1948, los debates que procedían de los años veinte6, tanto en el ejército como en la clase media urbana y en la burguesía, se multiplicaron y se expresaron abiertamente para cuestionar el modelo cafetalero “tradicional” y reflexionar sobre las ventajas de un proyecto de desarrollo diferente que se basaría en la industrialización del país y que sería capaz de dar más empleos a una población nacional creciente.

22De esta forma, se llega a la segunda tesis posible que busca articular la ruptura de 1944 con el continuismo político que siguió hasta diciembre de 1948. Si se considera 1944 como una ruptura y no como un paréntesis, se pueden interpretar, a nivel de economía política, los gobiernos de Osmín Aguirre y de Castaneda Castro, no solo como una continuidad sino como una última resistencia del modelo político y socio económico orientado hacia el monopolio de la caficultura, como un último esfuerzo por parte del grupo de los cafetaleros conservadores frente a propuestas que se sintetizaban bajo los términos de “modernización”, “democracia”, “participación ciudadana”, “industrialización”, “diversificación agrícola”, y otros.

23Defensa periodística de un orden urbano limpio y fluido.

24La preocupación más visible de los periodistas de La Tribuna era “la modernidad” de la ciudad, cuando trataban las prácticas de ventas en los espacios públicos y en los mercados. Los análisis tanto cuantitativos como cualitativos, revelan esta idea. Independientemente de la época política del diario, ya fuera una postura democrática, crítica, pragmática u oficialista, la “modernidad” urbana era el horizonte anhelado por los periodistas de La Tribuna. En todos los períodos, el término “modernidad” se encontraba en primero o segundo lugar, después de “la higiene”, siempre asociado a la idea de modernidad.

25Durante la época crítica del diario, entre 71 recurrencias que aludían a la ideología y a los valores de los periodistas, 19 se referían a la “modernidad” y 21 a “la higiene”; en la época de Hugo Lindo, 33 recurrencias entre 72 se referirían a esta misma “modernidad”, mientras que se observaban 27 frecuencias sobre 41 durante la dirección de José Quetglas; y 12 sobre 26 durante el período del oficialismo. Las prácticas de ventas eran observadas a través de esta utopía urbana en marcha. Así se podía leer: el “mercado de carnes que tanto ha necesitado San Salvador como ciudad moderna7”.

26Para llegar a la realización de este sueño, la herramienta imprescindible en la mayoría de los artículos era “la higiene” y la política: “el higienismo”: Así, se leía el “Mercado de Carnes de esta capital, edificio que reunirá todas las condiciones de amplitud y de higiene que se ha hecho sentir como una necesidad para el mejoramiento sanitario capitalino8”.

27Para definir e identificar las expresiones básicas de la higiene y del higienismo en los discursos periodísticos y por la difícil accesibilidad de estudios centroamericanos sobre el tema, se han utilizado análisis europeos de tipo general. La síntesis y definición que es bastante clara sobre la higiene es la de la historiadora y filósofa de las Ciencias, Claire Salomon-Bayet, en su libro sobre Pasteur y la revolución pasteuriana: La higiene depende de una vieja, muy vieja historia: conservar la salud más que curar la enfermedad y constatar con Celse “optima medicina est non uti medicine. Las dos definiciones del siglo XVIII, que usa la misma autora complementan esa primera idea general: en La Enciclopedia de Diderot y D’Alembert, la higiene era el uso de las cosas que sirven a la conservación de la salud mientras que Rousseau comentaba que la única parte útil de la medicina es la higiene; aunque la higiene sea menos ciencia que virtud. La templanza y el trabajo son las dos verdaderas medicinas del hombre: el trabajo aguza el apetito y la templanza lo impide abusar de ello9.

28El historiador de la medicina, Jacques Léonard va más allá de la definición de “higiene” y permite entender el vínculo entre “higiene” e “higienismo”. Escribe:

29sin ser una ciencia positiva, la higiene se presenta como un discurso sobre el bienestar material y psicológico. Esta “medicina política” para la salud pública es igual que la economía política para la prosperidad pública; y los dos están relacionadas; al conocer bien la desdicha biológica que produce la miseria, ciertos médicos se vuelven economistas, demógrafos, filósofos. Se puede llamar “higienismo” a ese espíritu ambicioso, que al poner la conservación de la vida y de la salud de las poblaciones, se aventura en todos los rumbos en nombre del bien público10. Lo que el mismo autor precisa más adelante: Intermediario entre saber y virtud, el humanismo (de los higienistas), a la vez utilitario y modelo, ocupa el terreno, seduce a los elites, provee una ideología de sustitución a los que las protestas sublimes ya no satisfacen11.

30Sin embargo, a la manera de Rousseau, los historiadores Lion Murard y Patrick Zilberman recuerdan lo indeterminado y lo vago de la higiene social: la disciplina (de la higiene social) flota, no fijada (…). En la confluencia de la medicina y de la sociología, la higiene solo se afirma como metodología de la acción administrativa gracias a una indeterminación epistemológica. Más, su eficiencia se nutre de su carácter vago (…). Economía sanitaria, Medicina sociológica o Sociología medical, “una medicina aplicada a las sociedades” siempre se mostrará idéntica en su cara colectiva así como en su finalidad operacional12 (…)”.

31A través de La Tribuna, las ventas estorbaban; los productos de las calles y de las plazas lucían peligrosos para la salud y de vez en cuando delictuosos. Las “manos sudorosas”, “sucias” y/o “contaminadas13” de las vendedoras de las calles preocupaban a los periodistas de La Tribuna; también los objetos ocupados para las ventas, como “en vasitos de cartón, cuyo interior no es acaso ensuciado por ellas o en cucuruchos de barquillo, que se comen a la par del contenido, sin desperdiciar uno solo de los gérmenes que pueden abrigar14”. La “revolución bacteriológica” o “pasteuriana” se veía en marcha en los años cuarenta: un periodista de La Tribuna tachaba a las ventas alimenticias de las calles, de “auténticas almacigues de bacterias mortíferas” y a las vendedoras de “mujeres acostumbradas a una venta descuidada y antihigiénica15. También, la “alerta microbiana”, argumenta para “renovar las prácticas de limpieza16”, era una idea permanente en los artículos de los periodistas. Más aún, en La Tribuna, las metáforas e imágenes sobre la higiene y los microbios abarcaban temas sociales y políticos. Lo que no era una excepción en aquella época17.

32Las propuestas del periódico y de la alcaldía, eran precisas y detalladas: utilizar pajilla para las bebidas, prohibir el papel para envolver las frutas, ocupar envases de plásticos, entre otras. Así, en una acta municipal de San Salvador de 1946, se puede leer este debate: el regidor Ticas presenta la siguiente moción, que “en otras partes del mundo hay personas que andan por las calles ofreciendo mercancías expuestas en cajas de material plástico, transparente, lo que bien podría permitirse aquí, pues pagarían impuestos y las vendiusias (sic) estarían en lugar aseado, higiénico, y a salvo de la contaminación18”; la municipalidad acordó, declararla sin lugar, “porque fomentaría las ventas ambulantes por las calles que es lo que se está tratando de suprimir19”.

33Este higienismo se estructuraba entre la ventilación, la nitidez de los suelos y la claridad, elementos que se veían en los principales países industriales desde el siglo XIX. En esta utopía en marcha, las ventas se consideraban como verrugas en el imaginario de los periodistas. Sin embargo, se reitera que de estas prácticas, lo rechazado eran los objetos urbanos producidos por las vendedoras, considerados como feos y ocupando demasiado espacio.

34Una gran parte de los comentarios periodísticos criticaba las prácticas de ventas afuera de los mercados, en los espacios públicos. Si bien este tema no era nuevo, la frecuencia de éste y de las críticas daban énfasis a un crecimiento de las tensiones entre las vendedoras y las autoridades puestas en escena por los periodistas.

35Sin embargo, se tiene que insistir en que las críticas de los periodistas se limitaban a la misma postura que las autoridades políticas, locales y centrales: había que limitar la extensión de las ventas – muy poco se hablaba de la densidad de estas – limitar pero no aniquilar o suprimir totalmente. La utopía del orden urbano moderno parecía ajustarse a una constante: la presencia de las ventas en las ciudades. Aún más, los artículos que cuestionaban la legitimidad de la labor de las vendedoras eran muy escasos. Solo eran visibilizadas, en ocasiones muy escasas, cuando eran criticadas. Esto lleva a concluir que las mujeres vendedoras eran consideradas como una presencia social “normal” – si, la normalidad era la invisibilización de un grupo popular entre otros grupos – en una ciudad cada vez más popular. Lo que deseaban los periodistas era que la práctica urbana tradicional de las ventas y la ocupación de un espacio, fuera “fluida” en el marco de un paisaje urbano simbólico. Esto era el blanco de los comentarios de los periodistas, que en la mayoría de casos justificaban las acciones de las autoridades.

36Esta preocupación por la fluidez en la ciudad, y por ende la aplicación estricta de la limitación del espacio ocupado por las ventas, se leía, por ejemplo, en numerosos artículos sobre San Salvador, como el siguiente: “El tramo de la Cuarta Calle Poniente que pasa frente a la Casa de los Juzgados y los mercados municipales, se mantiene materialmente congestionado de vendedoras y compradores. A tal grado que los automóviles que se aventuran por esa vía, tardan a veces hasta diez minutos en cruzar diez metros, eso sin descontar las posibilidades de serios percances.” Se proponían dos soluciones al problema, primero “desplegar a las vendedoras ambulantes hacia el callejón del Calvario y otros sitios adecuados, con esto el tránsito de peatones quedaría reducido casi solo a la gente que entra y sale de los mercados”. Segundo, “desviar el tránsito de automóviles hacia otras calles, siquiera entre siete de la mañana y cinco de la tarde20”.

37Excepcionalmente se lee una u otra crítica a la cultura de “las señoras del mercado21”. En estos casos, el lenguaje de estas mujeres era criticado como violento y ofensivo. Se percibe una crítica no tanto a las prácticas de ventas, sino a las mujeres vendedoras. Sin embargo, estas críticas de los periodistas, hombres, eran muy limitadas, quienes pertenecían a un grupo social de cultura letrada y con más recursos económicos.

38Cuando los periodistas trataban de aspectos muy peculiares de las vendedoras, por ejemplo, de su condición socio-económica, los comentarios se volvían positivos. Desvinculadas de sus prácticas, las mujeres vendedoras eran representadas de manera positiva, contradiciendo la crítica de una cultura “no civilizada” – en el sentido propuesto por Norberto Elias22 –. Como trabajadoras, que respaldaban a la economía familiar, las vendedoras eran representadas de manera positiva, conformando un grupo popular entre otros. En este sentido, no eran un “problema” urbano.

39Actores sociales relacionados con las prácticas de ventas: una cuestión institucional desde La Tribuna_

40Las vendedoras de los mercados y de las calles, sobre todo en la ciudad de San Salvador y las formas de sus prácticas fueron evolucionando conforme se fue analizando la configuración de las relaciones de poder entre las vendedoras y otros actores. En La Tribuna casi sólo se destacaron los actores institucionales, sin duda los más visibles, probablemente por una mayor atención, por parte de los periodistas hacia las instituciones y los grupos más influyentes de la ciudad. Aparte de referencias a algunas compañías privadas que administraban ciertos mercados, se han observado muy pocas alusiones acerca de actuaciones de instituciones privadas y de individuos en relación con las prácticas de ventas.

41En las noticias que abarcaban a las vendedoras y las ventas, los periodistas se concentraban en las actuaciones no sólo de los representantes políticos y administrativos de la alcaldía, es decir, a nivel local, sino de las actuaciones a nivel nacional, de parte de la Dirección de Sanidad, de ciertos ministerios y hasta del Presidente de la República. Este apartado, primero, se propone identificar a los interlocutores de las vendedoras, visibilizados por los periodistas, que influían en las expresiones estructurales de las prácticas de estas mujeres: en la ubicación, en el espacio ocupado, en la arquitectura de los puestos, en la densidad de las ventas, en la presentación y la prohibición de ciertos productos. Obviamente, quedan invisibilizados los actores y las relaciones sociales que están fuera de las instituciones, que, de momento no es posible alcanzar a través de las fuentes escritas23.

42Las prácticas de ventas: un asunto de la alcaldía. La importancia del mercado

43En el apartado titulado “ Pavimentar, drenar, ventilar ” del libro clásico, El perfume o el mias la arquitectura de los puestos, en la densidad de las ventas, en la presentación y la prohibición de ciertos productos. Obviamente, quedan invisibilizados los actores y las relaciones sociales que están fuera de las instituciones, que, de momento no es posible alcanzar a través de las fuentes escritas23.

42Las prácticas de ventas: un asunto de la alcaldía. La importancia del mercado

43En el apartado titulado “ Pavimentar, drenar, ventilar â€